Martes 27 de Octubre de 2020

LA BRISA EN EL ROSTRO, EL HORIZONTE DESPEJADO, EL SOL DESTACANDO TODO Y UN RUMBO, SIEMPRE UN RUMBO. LA NAVEGACIÓN A VELA PROPONE UNA EXPERIENCIA PRIMITIVA EN CONTACTO CON LA NATURALEZA.
Trasladarnos, competir, buscar comida… vivir, en definitiva. Arriba de un velero todas esas experiencias se intensifican y lo que en tierra nos puede parecer insignificante, como un viraje en la dirección del viento, embarcados es un cambio más que significativo. En el mar o en el río todo es más intenso. Y no importa mucho si se está corriendo la manga de una regata con otros tripulantes o si se va a Colonia por el fin de semana. Trasladarse con el viento es una experiencia fascinante, pero ¿qué chances tiene un argentino promedio de subirse a una embarcación? Ninguna si pretende circular con su propio barco, o muy escasas por el precio de los veleros. Pero muchas si se suma a las múltiples estructuras que rodean al velerismo en la Argentina. La más accesible: el curso de timonel. En cualquier club náutico se ofrecen con una parte teórica y una práctica que comprende, básicamente, navegar en el espejo de agua disponible. En las clases surgen los vínculos con otras personas con el mismo gusto e interés y allí puede nacer la cofradía que colaborativamente va generando oportunidades para navegar con embarcaciones propias, ajenas o alquiladas.

EN VERANO LLEGAN LAS REGATAS GRANDES: BUENOS AIRES-PUNTA DEL ESTE TIENE IDA EN NOVIEMBRE Y VUELTA EL 30 DE DICIEMBRE. MÁS TARDE SE HACE BUENOS AIRES-RÍO, CON LARGADAS IMPERDIBLES.

Una vez dentro del ambiente todo es mucho más fácil. La principal actividad en el yatching son las regatas y los asados –y no en ese orden precisamente– y para ambas se necesita gente. Así que quien esté dispuesto a madrugar el fin de semana para ir a correr carreras con el velero, será muy bienvenido en el team.
Lo mismo para las travesías. Muchos dueños de veleros aman viajar en sus embarcaciones pero las singladuras (trayectos) son largas y de duración variable: se necesitan muchas manos para llegar a buen puerto. Si se dispone de tiempo (“Los barcos a vela tienen destino mas no horarios”, reza el dicho) se puede viajar por todos los mares del globo.
Si bien existe infinidad de tipos de veleros, se pueden distinguir familias por cantidad de cascos: monocascos, catamaranes de dos pontones y los trimaranes con tres cascos, como su nombre lo indica. Y también por cantidad de mástiles, que pueden ir de uno a siete e inciden en la configuración posible del velamen.
El tipo más extendido de velero en el mundo es el monocasco con un mástil. Esto implica que tienen una vela mayor unida al palo y una vela de proa, que genera la mayor tracción de desplazamiento. Este diseño puede encontrarse en embarcaciones de 5 metros o de 20, aunque la eslora (largo del casco) promedio de un velero anclado en el Río de la Plata está alrededor de los 8 metros.
Para quien le pique el bichito de la náutica, casi todos los fines de semana se organizan regatas de las categorías más populares en el Río de la Plata y de inscripción libre (cualquier tipo de velero) con tiempo corregido. Allí se pueden ver las maniobras de las tripulaciones cuando viran la boya y las tácticas que usan para adelantar a los rivales.