Domingo 25 de Octubre de 2020

SU CARRERA, VASTA Y CON PASAJES MÍTICOS, TOMÓ UN NUEVO IMPULSO CON PAPELES TELEVISIVOS TAN POPULARES COMO DELIRANTES. EN LAS REDES SOCIALES TAMBIÉN JUEGA FUERTE CON VIDEOS SIEMPRE VIRALES Y AL FRENTE DE LA REIVINDICACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER. UNA CHARLA ÍNTIMA CON UNA ACTRIZ QUE, SIEMPRE, ES LA ACTRIZ DEL MOMENTO.

Consolidada como la de una actriz de culto, la carrera de Verónica Llinás no se desarrolló por generación espontánea. Criada en el seno de una familia de artistas, podría decirse que su destino estaba marcado. ¿Pero qué decir del éxito, también estaba predestinado? No son preguntas fáciles de responder, hasta que la charla con la actriz desgrana recuerdos y opiniones con profunda franqueza y lo deja claro: ella nació para esto.

–¿Cómo fue el primer acercamiento a los escenarios?
–Mi madre me llevó a ver Señorita Gloria, interpretada por Marilú Marini, que era amiga de mis padres. Fue una experiencia que se grabó a fuego en mi memoria, no solo por el despliegue actoral de esa bestia teatral que es Marilú, sino por toda la experiencia. La obra no se daba en un teatro formal sino en un gran galpón y era prohibida para menores de 18, por lo que tuve que entrar por una puerta lateral para no ser vista.

–¿Con qué expectativas decidiste sumergirte en la actividad teatral?
–Con la de ser una actriz de carácter, como las fotos que veía en mi casa paterna de actores de la Comédie Française, muy dramáticas todas. Evidentemente la vida me llevó para otro lado. Siempre tuve la claridad de que quería ser profesional, no quería trabajar de ninguna otra cosa.

“EL FORMATO DE INSTAGRAM ME RESULTA MUY INTERESANTE. PARA MÍ, QUE SOY UNA CONTROLADORA TREMEBUNDA, LA POSIBILIDAD DE EDITAR EL MATERIAL Y DE CONTROLAR LO QUE SE MUESTRA HASTA EL ÚLTIMO DETALLE, ES IDEAL”

–Más allá de esa convicción, ¿qué otra profesión hubieras elegido?
–Todo lo que me gusta hacer tiene que ver con las artes. Me gusta mucho dibujar y hacer collages, tal vez algún día me anime a hacer una muestra. También me hubiera gustado ser pianista; desde chica le pedía a mi padre un piano y él, especulando con la herencia de una tía abuela, no me lo compraba. Obviamente, mi tía Blanca vivió hasta los 285 años…

–¿A quiénes reconocés como modelo dentro del mundo de la cultura?
–Es inmensa la respuesta a esta pregunta, si es que “modelo” quiere decir a quién admiro y respeto, sería una lista interminable porque a cada rato recordaría a alguien más. Si la pregunta es si tomo como modelo a alguien a quien quiera emular, la respuesta es no, siempre intenté no parecerme más que a mí misma.

–¿Sos una mujer nostálgica? ¿Qué añorás de las épocas del under?
–No vivo recordando épocas pasadas, disfruto muchísimo mi presente y no quisiera volver atrás. Sin embargo a veces extraño esas noches parakulturales donde nos mezclábamos una gran cantidad de artistas en esos camarines húmedos y enquilombados. Como el sistema era el varieté, intercalábamos nuestros “números” y disfrutábamos del trabajo de los otros, eran épocas de mucha libertad creativa.

–¿Qué aprendizajes de esa época alimentan a la actriz que hoy protagoniza éxitos en el teatro y la televisión?
–Lo que me alimenta es la vida misma, para un actor todo es alimento, si se tienen los sentidos y el corazón abiertos.

–Tus performances en las redes sociales no pasan desapercibidas. ¿Te costó encontrarle la lógica a ese mundo nuevo?
–No, todo lo que hice se fue dando de una forma natural. No creo tener demasiado dominado el tema en cuanto a lo técnico (soy medio queso en ese sentido) pero el formato de Instagram me resulta muy interesante. No voy a negar que recibí una ayudita de mis amigos más jóvenes, pero para mí, que soy una controladora tremebunda, la posibilidad de editar el material y de controlar lo que se muestra hasta el último detalle, es ideal. La libertad absoluta que tengo para plasmar mis ideas y la forma en la que quiero contarlas, es sumamente adecuada a mi forma de ser.

–Sos una actriz que tiene la capacidad de dibujarle una sonrisa al público con un estilo personal. ¿Cómo definís ese estilo?
–Ácido, irreverente, por momentos grotesco. Igual no soy muy buena para definirme.

–¿El teatro puede transformar la sociedad?
–Sí, creo que el teatro y las artes en general pueden ser herramientas transformadoras, así como la educación. Es algo que tengo muy presente, especialmente al hacer los videos. El teatro, por el solo hecho de tenerse que pagar una entrada, es privativo para mucha gente. Pero sé que los videos se ven gratuitamente en las redes sociales e inclusive se replican por Whatsapp y, hoy en día, es muchísima la gente que, aunque no tenga internet, tiene Whatsapp. Es una de las grandes ventajas de esta modernidad, la democratización de los contenidos.

–¿Desearías terminar tus días sobre el escenario?
–Si por “terminar mis días sobre el escenario” se entiende morirme en medio de una función, ciertamente no; desearía ahorrarle a mi público tan desagradable momento. Si se entiende como seguir actuando hasta que la vida me lo permita, sí. Por el momento sí, ni se me ocurre “jubilarme”. Solo que quisiera que no fuera por necesidad, sino por placer. La necesidad de los actores ancianos de seguir trabajando para subsistir es muy cruel, eso es algo que sería bueno abordar desde el ámbito institucional porque no puede seguir sucediendo.

“SIEMPRE INTENTÉ NO PARECERME MÁS QUE A MÍ MISMA”

–¿Cómo quisieras ser recordada?
–Como una gran actriz y buena persona.

Dirigida por Corina Fiorillo en el Multitabaris Comafi, Verónica Llinás protagoniza junto a Darío Barassi Carcajada salvaje, el éxito teatral del momento.