martes, junio 28, 2022

Top 5 lugares que invitan a la introspección

Autoras: Gimena Bugallo y Carolina Barbosa


Todos contamos con la capacidad para observar, analizar y reflexionar acerca de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones, pero no siempre nos detenemos a hacerlo. Saber quiénes somos y aquello que anhelamos es intrínseco con un recorrido hacia uno mismo. Conectar con el propio ser forma parte de un camino que requiere, entre otras cosas, de silencio. Hay lugares de nuestra tierra que son naturalmente sagrados, en estado casi prístino, con poca intervención de la mano del hombre, que nos ayudan a volver a lo verdaderamente importante: nuestra esencia.

Aquí te presentamos opciones que nos alejan del bullicio de la ciudad y el calor del pavimento para encontrar ese refugio divino que resuena con nuestro espíritu y nos conduce, con cada inhalación, de vuelta a nuestro eje.

Paso Flores, Río Negro: hace 50 años que una comunidad alemana religiosa puebla esta pequeña localidad, a sólo 150 km de Bariloche. Vinieron a esta tierra buscando sueños de libertad, depositando toda su fe, luego de la segunda guerra. Por eso, en este sitio, se respiran aires de nuevos comienzos. En medio de la estepa patagónica, surge este valle, a modo de oasis, que sólo se descubre al llegar. La paz brota en todos sus rincones. El ritmo del lugar está dado por los silencios y los sonidos de la naturaleza, con una fauna provista de guanacos, ciervos y pumas. Leer un libro o dormir una siesta bajo el imponente panorama, mezcla de aridez y frondosidad, hace que este sea un sitio propicio para abrazarse a uno mismo. Las cabalgatas son una gran alternativa para conocer el entorno. Las condiciones en invierno son bastante crudas, por lo que se recomienda ir en período estival.

Bañado La Estrella, Formosa: 400.000 hectáreas comprenden este territorio de ensueño ubicado al norte de la localidad de Las Lomitas. Aquí habitan un sinfín de especies que van desde osos hormigueros, ciervos y lobos de río hasta el aguará guazú. La paz del paisaje se conjuga en perfecta armonía con el vuelo de las aves, protagonistas indiscutidas de los cielos. El Bañando puede recorrer durante el día en canoa, acompañados de un Guía, y la mejor época para hacerlo es entre abril y septiembre (dado que, durante el verano, la sequía es mayor y puede atravesarse, pero con vehículos, a pie o a caballo). La flora es un espectáculo aparte: las enredaderas, musgos y algas visten los troncos de los árboles de quebrachos, palos santos y algarrobos como una especie de danza natural perfecta.

Los Antiguos, Santa Cruz: entre picos nevados y ríos, se yergue este pequeño pueblo de 3.363 habitantes, a orillas del imponente lago Buenos Aires, que cuenta con aguas turquesas de ensueño. Debido a su ubicación estratégica de baja altitud, no tiene las mismas condiciones climáticas y de vegetación que la mayoría de los sitios de la Patagonia. De hecho, y gracias a este peculiar microclima, hace miles de años fue el lugar elegido por los ancianos tehuelches, los primeros pobladores de este espacio de dónde obtiene su nombre: ‘I Keukhon’, que quiere decir ‘lugar de antiguos’. Este linaje hace que sea un espacio sagrado para comunicarse con nuestros ancestros, los propios y los de la tierra. Es un lugar acogedor, con una vista excepcional, donde se celebra la Fiesta Nacional de la Cereza.

Campo del Cielo, Chaco: cuenta la leyenda que hace 4.000 años una explosión de un asteroide produjo una lluvia de meteoritos que impactaron en este territorio, en el sector sur de la región de la provincia, a 350 kilómetros de Resistencia. Casi como honrando el cosmos, este museo a cielo abierto, exhibe una enorme cantidad de bólidos y algunos cráteres en la zona de impacto. El último gran hallazgo fue el meteorito Gancedo, un ejemplar de 30 toneladas. El lugar se puede visitar durante todo el año pero recomiendan el invierno, para evitar el calor y la invasión de mosquitos además de que en julio se celebra el Día internacional del Asteroide en el parque y, pocos meses después, la Fiesta Nacional del Meteorito.

Delta del Paraná, Buenos Aires: un tesoro de naturaleza salvaje y belleza isleña, a sólo 30 km de la Capital Federal. Si bien es bastante popular su existencia, es poco explorada en profundidad. No muchos saben que cuenta con más de 350 ríos y arroyos y que tiene cientos de pequeños islotes para inspeccionar. Las vías fluviales son infinitas, se pueden practicar deportes e incluso bañarse. El agua tuvo siempre un fuerte simbolismo sagrado como fuente de la vida y energía divina que fecunda la tierra. Las diosas y las sacerdotisas hacían ritos de purificación con ella y es transmisora de información. Las aguas del Delta vienen de un recorrido por las Cataratas y el Amazonas y dicen que traen consigo la energía latinoamericana y de las religiones indígenas ancestrales. A veces nos olvidamos de apreciar lo que tenemos cerca. Alquilar una cabaña o simplemente pasar un día hace que todo cobre un nuevo sentido.

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