Martes 20 de Octubre de 2020

EN LA PROVINCIA DE LA RIOJA, ENTRE PAREDONES ROJIZOS, SUS FARALLONES RELATAN LA HISTORIA DEL REPTAR DE LOS PRIMEROS DINOSAURIOS HASTA LOS PASOS DEL HOMBRE PRIMITIVO. UN VIAJE A LOS ORÍGENES DE LA TIERRA MISMA.

El Parque Nacional Talampaya es la perla turística emblemática en esta tierra federal, donde la historia signó un pasado enriquecido por pueblos originarios, y donde la naturaleza socavó cada rincón en sus rocas dejando al descubierto huellas del origen de la vida. El inapelable trabajo del viento y la erosión han dado forma a cada recodo del paisaje otorgándole caprichosas esculturas naturales de gran tamaño, fuera de toda escala humana, en ese inmenso desierto rojo, dando nombres propios a “El Murallón”, “Los Cajones” y “Ciudad Perdida”. Farallones protagonistas de 250 millones de años en estas tierras por las que reptaron los primeros anfibios al emerger de las aguas, allí donde también descansa el lagarto somnoliento –osamenta encontrada del Lagosuchus talampayensis, uno de los dinosaurios más antiguos jamás hallado.

Huellas del triásico.
Un nuevo circuito cuenta la historia de los primeros habitantes de ese período a lo largo de una senda de 230 metr dispuestas junto a pérgolas con bancos y señalética interpretativa, que permite conocer en detalle las características particulares de la flora y fauna que habitó en estas tierras. En la temática dispuesta se hace un recorrido por quienes antecedieron a los dinosaurios, ejemplares primitivos como el Lagerpenton chañarensis y el Lagosuchus talampayensis. Un Centro de Interpretación Paleontológica complementa este viaje a la prehistoria.

EL INAPELABLE TRABAJO DEL VIENTO Y LA EROSIÓN HAN DADO FORMA A CADA RECODO DEL PAISAJE.

Magia y misterio en cada recorrido.
Esta excursión a través de los enormes paredones rojizos del Cañón de Talampaya, comienza por el cauce del Río Seco Talampaya, con trayectos en modernos vehículos que detienen su marcha en cada estación para hacer breves caminatas e interactuar con la espectacular naturaleza del lugar. En la primera estación, Petroglifos, se puede descubrir el lenguaje de nuestros antepasados prehistóricos en grabados milenarios sobre la piedra, así como los rastros de otras culturas en los extraños y misteriosos morteros de piedra enclavados allí. Para llegar a la segunda estación, El Jardín Botánico, hay que caminar por un bosque representativo de la ecorregión del monte, hasta llegar a la Chimenea, una geoforma característica tubular de 150 metros de altura, donde se puede escuchar el famoso “eco de Talampaya”. La tercera estación es La Catedral Gótica, un inmenso muro vertical de piedra en la pared sur del cañón. La última, El Monje, es una formación rodeada por piedras erosionadas de 40 metros de altura. El lugar es sobrecogedor e impactante y es el final de esta tradicional excursión, regresando al sitio de partida por el mismo camino transitado anteriormente.

Contacto íntimo con la naturaleza.
Un safari a bordo de un camión 4×4 te permite disfrutar a pleno la experiencia de sentir la naturaleza y la inmensidad del cañón. En este vehículo de doble piso, y mientras saboreás un catering especialmente preparado para la ocasión, podés vivir la sensación de ser único protagonista de la historia narrada en primera persona. Complejos y arenosos caminos con la adrenalina propia de sentirte el centro de una experiencia intransferible.

Un viaje hacia la aventura.
Provistos de un par de biloculares, una cantimplora con agua fresca y calzado cómodo, el trekking por lugares de insólita belleza marca el inicio de este viaje a los orígenes de la Tierra, donde el sonido de la naturaleza convierte el día en inolvidable. Un paseo de dos a tres horas hacia “Quebrada de Don Eduardo” es deslumbrante, donde la perspectiva –entre subidas y bajadas– muestra un paisaje absoluto y diferente a las clásicas vistas del parque. Siempre acompañados por un guía, es sugerente también recorrer en bicicleta este parque triásico, con la posibilidad de estar en contacto permanente con el paisaje.

El presente atesora un pasado arqueológico.
A cielo abierto, sobre paredones verticales y grandes rocas, se halla una gran cantidad de grabados figurativos –antropomorfos y zoomorfos– y abstractos –de geometría diversa– que expresan una fusión armónica entre naturaleza y cultura, siendo este lugar uno de los más relevantes del arte rupestre argentino. El Parque Nacional preserva una importante riqueza arqueológica. Los primeros hombres, entre los años 640 a.C. y 1180 d.C., utilizaban cuevas y aleros como viviendas, depósitos y enterratorios. Cientos de figuras, serpentiformes, cabezas geometriformes en forma de máscaras, dedos tridígitos, antropomorfos, seres alados, soles. La quebrada que se inicia en la puerta de Talampaya se abre hacia un amplio valle donde hay un paredón de 20 m de ancho con petroglifos. Es uno de los más grandes yacimientos del NOA. Está formado por altos paredones verticales de más de 100 m de altura, que enmarcan un cañón o quebrada en cuyo pie, caídos desde arriba, se halla el grupo principal de petroglifos. En el parque Talampaya han quedado testimonios de los períodos agro alfareros temprano, medio y tardío.

Fotos: Diego Diaz @cosasdiaz