Jueves 29 de Octubre de 2020

EL ACOSO Y LA CRUELDAD, CONDUCTAS TRISTEMENTE EXTENDIDAS EN LOS ÁMBITOS EDUCATIVOS, PARECEN HABER ENCONTRADO EN LAS REDES SOCIALES UN NUEVO ESPACIO DE PROLIFERACIÓN LEJOS DE LA MIRADA DE LOS PADRES. UNA VEZ MÁS, HABLAR SERÁ EL MEJOR ANTÍDOTO.

Según datos de UNICEF (el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) 1 de cada 3 estudiantes en el mundo sufre acoso escolar, una forma de hostigamiento entre pares que consiste en una conducta agresiva, a veces manifiesta y otras solapada, sistemática y sostenida en el tiempo contra una o más personas. Esta conducta extendida en todo el mundo, se popularizó en los últimos años con el término inglés bullying, que proviene del verbo “torear” (bull: toro), en el sentido de provocar a otras personas. Es una forma de violencia que se expresa con amenazas o haciendo correr rumores y mentiras difamatorias, manipulando al entorno para excluir o perjudicar a la víctima o inclusive llegando a la agresión física. Como en el resto de las conductas de la modernidad, el bullying tiene su réplica en las redes con el cyberbullying, una práctica que parece no tener coto en un medio donde los controles son más frágiles y los agresores tienen herramientas para manejarse con absoluto anonimato. La preocupación de los padres pasa por detectar si su hijo es víctima del bullying, porque no siempre es evidente y quienes lo padecen suelen esconder lo que les sucede en la escuela. Pero, si bien la vergüenza es una reacción habitual, siempre hay señales: cuando hay cambios bruscos en su conducta o cuando no quieren ir a la escuela. Lo importante es prestar atención, hablar con los docentes periódicamente para saber cómo van las cosas y charlar sobre cómo se lleva con sus compañeros. Respecto del acosador, es fácil demonizarlo pero el escenario es más complejo de lo que parece, pues de alguna manera también se trata de una víctima del sistema; generalmente se siente excluido, no encaja en la organización escolar o tiene problemas en casa y muchas veces intenta ejercer poder sobre otro para destacarse, ganar seguridad o sentir que maneja algún ámbito de su vida. Suelen ser chicos con algún tipo de dificultad social o cognitiva y hasta pueden carecer de capacidad para conectarse con el sufrimiento que están generando. Ante casos como este será fundamental el rol de los docentes y autoridades de las escuelas para dar contención y, de ser necesario, tratamiento.CUANDO HAY HOSTIGAMIENTO HAY UN AGRESOR, UN AGREDIDO Y UNA MAYORÍA SILENCIOSA, CÓMPLICE Y PASIVA, QUE A VECES APOYA EL ACOSO Y OTRAS, SIMPLEMENTE CALLA POR TEMOR.

Pero también es importante hablar con los chicos sobre el rol que cumplen “los espectadores”. Finlandia, un país pionero en métodos de enseñanza modernos, creó el método KiVa, que propone trabajar no sólo en los protagonistas del bullying (acosador y acosado) sino particularmente en el auditorio. Porque cuando hay hostigamiento hay un agresor, un agredido y una mayoría silenciosa, cómplice y pasiva, que a veces apoya el acoso y otras simplemente calla por temor a ser potencial víctima, pero no acciona para evitarlo. “El acosador busca poder, pero si los espectadores no reaccionan de manera positiva a sus comportamientos agresivos, no conseguirá esa posición de superioridad a la que tanto aspira y dejará de acosar. Por eso la clave está en las actitudes de quienes son testigos del bullying”, explica la especialista Tiina Mäkelä, coordinadora del programa KiVa. El programa consiste en no centrarse en la dialéctica de la confrontación entre víctima y acosador. KiVa se basa en influir en los alumnos testigos del acoso para que no participen ni directa ni indirectamente en él. Si esto se consigue, el acosador, que necesita de reconocimiento para proseguir con el bullying, depondrá su actitud al no serle rentable ser cruel en términos de popularidad. Por eso es importante que las escuelas y los maestros estén alertas ante este fenómeno y estén entrenados para prevenir. Charlas de convivencia, espacios de reflexión colectiva, acompañamiento individual son solo algunas herramientas de las que las instituciones disponen para concientizar a los chicos sobre el bullying y sus consecuencias. Los padres, por su parte, pueden hablar con sus hijos para explicarles que aunque ellos no acosen a otros niños o sean víctimas del hostigamiento, callar o –peor– celebrar ante el acoso que comete otro es ser parte del problema. Ser empáticos con sus compañeros y recurrir a las autoridades docentes son siempre buenas opciones.