domingo, julio 3, 2022

Rutas Argentinas – La arquitectura como testigo 

Al sur de la provincia de Catamarca, entre las localidades de Tinogasta y Fiambalá, se despliega un circuito turístico de 55 kilómetros donde se observan antiguas edificaciones coloniales de adobe. 


La Ruta Nacional Nº 60 abre paso a construcciones hechas con una mezcla de paja, barro y estiércol que, gracias a sus 300 años de historia, fueron declaradas Patrimonio Histórico Cultural de la provincia. Algunas de ellas son: la Residencia Mayorazgo de Anillaco, Oratorio de los Orqueras, la Iglesia de Andacollo, las Ruinas de Watungasta, la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, la Comandancia de Armas y la Iglesia de San Pedro.

La aventura comienza en Cerro Negro, desde donde se ven pequeños pueblos consruidos totalmente de adobe. Dichos levantamientos se encuentran paralelos a la Cordillera de los Andes y tienen una arquitectura única que deja al descubierto la historia de la región. 

Continuando hacia Tinogasta, podemos apreciar el hostal Casa Grande. Allí, sus paredes milenarias comienzan a mostrar cómo este noble material puede ser utilizado para crear belleza y comodidad al mismo tiempo. Desde este sitio parten excursiones que muestran los atractivos turísticos de la región como Santa Rosa, Anillaco, Saujil, Copacabana, Tatón, Londres, Belén y El Puesto.

Siguiendo la ruta se llega a Fiambalá, localidad que regala la posibilidad de descansar en sus aguas termales con vistas hacia la zona del Valle. Sus piletas, fabricadas con roca de montaña, están colocadas en forma escalonada por temperatura. Entre su monumentos se destacan la Iglesia de San Pedro, la comandancia de Armas y diversas viviendas que invitan a los turistas a realizar un viaje en el tiempo, por las distintas épocas del mágico pueblo.

Por otro lado, en la Falda, se encuentra la Iglesia de Andacollo, el Monumento Histórico Provincial Mayorazgo de Anillaco (que refleja las influencias de las estancias andaluzas del siglo XVIII) y la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, construida en 1712 con piso de tierra, paredes de adobe y techo de caña y barro.

Por último, en Watungasta, yacen las ruinas del “Pueblo de los grandes adivinos” que datan del dominio incaico en el norte del país entre 1471 y 1536. Años después fueron refaccionadas y reutilizadas por los españoles.

En este recorrido se pueden visitar zonas de cultivo de olivas y vid, que conforman las Rutas del Olivo y del Vino. En los pueblos, restaurantes y almacenes, se pueden adquirir y degustar productos artesanales de excelente calidad.

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