Viernes 30 de Octubre de 2020

Autores: Analía Perez y Dr. Eduardo Berteuris (coaches en PNL/EPEP)


Reírse y pasar buenos ratos aumenta el ritmo cardíaco y el aporte de oxígeno al cerebro; disminuye el estrés y refuerza el sistema inmune y la salud del corazón. Vale la pena ejercitarse en el noble arte de la alegría.


Si bien la mayoría de los ademanes y gestos sociales se aprenden por imitación,
misteriosamente la risa funciona de otro modo. Esta reacción, símbolo universal de
alegría y felicidad, se encuentra tan arraigada en todas las culturas, que inclusive niños
ciegos de nacimiento (que por supuesto nunca han podido ver un rostro alegre), sonríen
cuando están contentos.

Pero la risa es mucho más que una mueca simpática; las carcajadas y los buenos
momentos no sólo mejoran la psique, sino que hacen bien al cuerpo: aumentan el ritmo
cardíaco y el aporte de oxígeno al cerebro. También disminuyen el estrés, lo que
refuerza el sistema inmune y la salud del corazón, reduciendo la posibilidad de infartos.
Como consecuencia, aumenta la expectativa de vida.

Los interrogantes entonces apuntarán a la capacidad individual de generar todos estos
beneficios y saber si, en definitiva, se puede construir felicidad…

Instrucciones para reír

Las estructuras cerebrales que regulan el placer y la felicidad fueron descubiertas en
1954 por los investigadores James Olds y Peter Milner. El área ventral tegmental (VTA)
y el núcleo accumbens (NAc), localizados en la parte basal y anterior del cerebro, están
conectados a su vez con otras estructuras cerebrales, como el hipotálamo, la corteza
prefrontal, el tálamo y el hipocampo. Todas estas estructuras forman el sistema de la
recompensa, llamado también circuito límbico-motor. Si bien el neurotransmisor más
importante es la dopamina, también esta influenciado por otras sustancias químicas
cerebrales o neurotransmisores, como las endorfinas.

Lo que resulta divertido es subjetivo, personal, y la gratificación que proporcione
dependerá de la intensidad de la emoción que se desarrolle. Al realizar conductas
agradables se favorece la liberación de dopamina a nivel cerebral. La memoria brinda
información sobre las conductas que generaron placer en el pasado. Ese placer derivado
de una conducta específica genera entonces una expectativa que el cerebro busca
repetir. Poder reconocer y repetir esas conductas es la clave para obtener placer.

Los estudios científicos demuestran que las mujeres disfrutan más que los hombres
porque generan mayor actividad del sistema de recompensa. Esto se debe a que realizan
una mayor integración entre el conocimiento y la emoción, generando una respuesta
muy alta a aquello que se interpreta como agradable. Los hombres, en cambio, al no
integrar tan fácilmente el componente emotivo, obtienen una respuesta menor a las
sensaciones agradables. Pero esta respuesta se puede entrenar para alcanzar mayor
felicidad.

Los problemas

Las sustancias químicas que generan placer son la dopamina (conocida como hormona
de la felicidad) y las endorfinas, que se producen en la glándula pituitaria y el
hipotálamo. Estas últimas producen sensación de bienestar y analgesia y, además, estimulan la producción de dopamina. Para activar la secreción de esas sustancias podemos proponer dos actividades: una es identificar qué nos gusta hacer, qué cosas nos dieron placer en otro momento, y realizar esas actividades, aunque no tengamos ganas.

La otra es dejar de pensar en problemas: esa actividad produce sustancias cerebrales,
muy distintas a la dopamina y las endorfinas, que alejan la felicidad.

Cuanto más tiempo dediquemos a la realización de aquellas cosas que nos hacen sentir
bien, más educamos al cerebro para que se vuelva cada vez más alegre. La persona que
aprende a reírse de sus problemas, aprende a solucionarlos.