Martes 20 de Octubre de 2020

Autores: Analía Perez & Dr. Eduardo Berteuris (coaches en PNL/EPEP)


La ciencia dice adiós al romanticismo: el amor pasional es un fenómeno cerebral regulado por hormonas y neurotransmisores.


El amor, esa poderosa experiencia que se traduce en una especie de locura temporal no es más que un truco del organismo con un único fin: el apareamiento. La red neuronal de una persona enamorada está formada por la activación de las tres capas del cerebro (la corteza cerebral, el cerebro emocional y el tallo cerebral) y regulada por neurotransmisores y hormonas sexuales.

La sucesión de eventos que llevan a lo que se conoce como un “flechazo” se inicia en la base del cerebro, una estructura muy antigua desde el punto de vista evolutivo, cuyo desarrollo es anterior al de las áreas encargadas de las emociones e, inclusive, del pensamiento. Esa zona (que se conoce como “centro reptil”) es parte del sistema de gratificación y desde ahí, el área ventral tegmental pone en actividad las células ApEn, neuronas productoras de dopamina. Esta región, asociada al deseo y la motivación, es la misma que se activa en quienes tienen dependencia por drogas muy adictivas, como la cocaína.

La dopamina generada actúa sobre el hipotálamo (donde están los núcleos del cerebro sexual)  el hipocampo (que guarda la memoria emocional) y el cerebro antiguo atrae mutuamente a los enamorados activando las áreas de recompensa emocional. La responsable es la dopamina, “la hormona de la felicidad”.

Una vez establecida la atracción, el centro reptil se defiende de las zonas más jóvenes del cerebro y, para seguir al mando, las anula, prácticamente desconecta las áreas asociadas al juicio. Su arma es la oxitocina, “la hormona de la confianza”, que evita pensar mal del otro y también actúa sobre el cerebro emocional. La corteza pre-frontal lateral se silencia y con ella la desconfianza, las reflexiones desfavorables y las áreas que procesan los sentimientos más conflictivos, rubricando así aquello de que el amor es ciego…

El objetivo de este cóctel químico es el apareamiento y su razón, ni más ni menos que la preservación de la especie.

Del amor a la obsesión

Durante el enamoramiento actúa una parte del cerebro muy antigua, encargada de las recompensas. Para prevalecer, ese centro reptil anula las áreas del pensamiento y así, con el juicio desconectado, el objeto de deseo se convierte en un ser maravilloso. La obsesión se genera entonces cuando se produce un rechazo, ya que el deseo no se detendrá, e inclusive será cada vez más intenso. El enamorado prácticamente está siendo drogado por su cerebro para que haga lo necesario por conservar la especie y la reacción química es la de un adicto; no se conoce sustancia que pueda generar una adicción mayor.

Del enamoramiento al amor maduro

1 – Saber elegir

La atracción es establecida por aspectos biológicos pero, para pasar a una segunda fase, hay que poner en funcionamiento el pensamiento y preguntarse: “¿Ayuda esta persona a mi desarrollo personal?”. Esa respuesta es la clave.

2 – Ser pareja La pareja es una sociedad donde cada uno cumple un rol. El esfuerzo positivo en la construcción del vínculo y el cuestionamiento positivo de la conducta deben ser constantes.

3 – La empatía El amor de pareja es terrenal y lo terrenal no es perfecto. Es vivir juntos, salir a pasear, ir al cine, hacer el amor, conversar y mucho más. La suma de esas actividades construye el vínculo; sólo hay que preguntarse: “¿Deseo lo mejor para vos?”.