Jueves 22 de Octubre de 2020

LA DIRECTORA DE ORQUESTA Y ALMA MATER DE LA BELLA MÚSICA, ENTIDAD QUE PROMUEVE EL DESARROLLO DE LA VOCACIÓN Y TIENE SU PROPIA SINFÓNICA, CELEBRA TRES SIGLOS DE LAS CUATRO ESTACIONES CON UN HOMENAJE A VIVALDI. VIVALDI FEST

VIVALDI FEST :

21 de junio a las 20 en el Teatro Avenida, Av. de Mayo 1222

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Un salón repleto de pianos la enamoró. Después de verlo, pidió a sus padres comenzar a estudiar ese instrumento en el tiempo que tenía entre el primer y el segundo turno del colegio. Patricia Pouchulu tenía sólo seis años cuando dio el primer paso de su carrera musical: en aquel momento era simple curiosidad, “algo natural”, piensa hoy. Lo disfrutaba. Luego vendrían muchas otras cosas relacionadas. Hizo el profesorado de música y de francés, estudió dos carreras becada en La Sorbonne, empezó a dar clases en la Universidad Nacional de las Artes, dirigió coros y creó La Bella Música, una asociación sin fines de lucro que promueve la actuación de jóvenes músicos argentinos. Y recién ahí decidió subir al escalón más alto de su trayectoria: se preparó para ser directora de orquesta sinfónica. “Es como una coronación”, dice, siempre con una amplia sonrisa. “Descubrí que me apasionaba la orquesta, lograr que un conjunto de instrumentos suenen hermanados, como si fueran una voz. La orquesta es un organismo viviente. Busco extraer los más hermosos sonidos de una interpretación”, cuenta. “Más allá de la cuestión musical sos un líder de equipo, hay una cuestión humana. Es una gran responsabilidad ordenar, cuanto más difícil es el pasaje más tranquila tenés que estar.

“LA ORQUESTA ES UN ORGANISMO VIVIENTE. BUSCO EXTRAER LOS MÁS HERMOSOS SONIDOS DE UNA INTERPRETACIÓN”

Siempre con cordialidad y humildad en el trabajo”, agrega sobre su profesión la ganadora del premio María Guerrero 2015, entregado por el Teatro Cervantes. Cada año, La Bella Música produce un concierto anual que reúne un dream team de músicos de todo el país que ella dirige desde 2006, y tiene en agenda presentarse en Chile, Francia, Italia y Noruega. Este 21 de junio, a tres siglos de que Antonio Vivaldi compusiera sus célebres Cuatro estaciones, la directora volverá a ponerse al frente de la orquesta y de un elenco internacional para realizar un espectáculo dedicado a lo más encumbrado, conocido y atractivo del padre del barroco italiano. “Vivaldi Fest es más que un concierto. Se trata de un festival visual. Habrá personajes históricos en una intervención del espacio, una suerte de performance no habitual para esta clase de eventos”, describe. –

¿Qué es la música para usted?

–No podría concebir la vida sin música, como no podría no tener a mis hijas. La buena música hace bien, tenemos que darle una finalidad. Sirve para hermanar a la gente, ahí somos todos iguales. Es hermoso hacer música para otro, que haya un corazón que esté latiendo con nosotros. En ese momento del concierto se completa un misterio, hay una unidad entre los músicos y el público. Es un disfrute muy grande. Por otro lado, la música sana. Mi madre tenía Alzheimer; un día le llevé auriculares y puse Pastoral, de Beethoven, que había dirigido. Primero abrió los ojos, luego me miró, sonrió y empezó a mover las manos al compás. Iba por dentro. Ahí pensé “tenemos que hacer algo” y ya estoy en contacto con una asociación que trabaja con esa enfermedad para preparar un proyecto. Así que mirá todo lo que representa la música para mí.

¿Cómo encontró su lugar y consiguió destacarse en una disciplina donde los hombres son mayoría?

–Cuando estudiaba, recuerdo que éramos sólo dos alumnas. Siempre fui tesonera, apasionada. Estoy convencida de lo que hago y nunca dudé que este era mi camino. Hoy todavía hay muchas orquestas sinfónicas y pocas mujeres que las dirijan. Necesitamos igualdad de oportunidades, sin prejuicios, con respeto. Creo que estamos haciendo un camino. Es como abrir paso en la selva.