Domingo 25 de Octubre de 2020

SEA PARA CONCRETAR EL SKI-WEEK ANUAL O PARA UNA ESCAPADA DE CUATRO DÍAS, ESTOS MESES SON IDEALES PARA DISFRUTAR DE LA NIEVE PLENA MEZCLADA CON EL GRAN ATRACTIVO DE LA ÉPOCA: UN SOL RESPLANDECIENTE.

Si el sol y la nieve, por separado, suelen dar rienda suelta a cualquier fantasía de aventura, juntos, invitan a comerse el mundo. Los beneficios se multiplican a esta altura de la temporada. El centro de esquí Chapelco Ski Resort, en San Martín de los Andes, recibe a los visitantes con precios derretidos en pases y clases, rebajas en rentals y alojamientos y pistas que lucen castas, sin la comparecencia de multitudes.

 

EN PRIMAVERA HAY MEJORES PRECIOS, ALOJAMIENTO MÁS ECONÓMICO Y MENOS AJETREO EN LOS MEDIOS DE ELEVACIÓN.

El paisaje de montaña cambia de colores para mostrar los nuevos arreglos florales de la naturaleza. El outfit, en tanto, deja entrever siluetas que se contonean para volver a destellar un erotismo confinado hasta hace poco en capas superpuestas de poliéster. La primavera, en definitiva, ofrece un ecosistema distinto, con chichoneo en los paradores y brindis a la intemperie. Como una playa transplantada a la montaña.

Las pistas de Chapelco Ski Resort traducen los cambios de temperatura y en un mismo día hay diferentes condiciones en la pista según la hora: la nieve se ablanda a medida que suben las temperaturas y se humedece hacia la tarde. Durante la noche, con el frío, esa humedad se congela, por lo que a la mañana la nieve está más dura de lo normal, pero ideal para disfrutar.

 

 

 

Como refuerzo, el centro está provisto de ocho cañones móviles de origen italiano que introducen cristales de hielo a partir de agua y aire presurizados a baja temperatura. Gracias a eso, se puede esquiar hasta la base del complejo, a 1250 m de altura sobre el nivel del mar, mientras que la cota de nieve natural es 1500 m.

La recomendación de los que saben es itinerar por diferentes pistas siguiendo al sol: primero en la zona intermedia (hacia los 1600 m), con la nieve dura, y luego rumbear hacia la cumbre, con la nieve más blanda. La consistencia apenas cambia la estrategia; por la tarde, la nieve revuelta pide estabilidad. En la transición entre ambos mundos está el líquido amniótico del rider; la nieve ideal donde todos sueñan esquiar.

El cambio de vestuario adorna el horizonte de ropa entallada y los esquiadores se sientan en reposeras en los decks de los refugios para disfrutar de la música sintiendo el sol en la piel. Al mediodía, los más osados se desmelenan sacándose las camperas y algunos zarandean la pista en camiseta y, en vez de un pantalón de esquí, van ataviados con un overpant liviano. Entre exploradores de gangas y residentes también se cuela un público afín a la estación, en procura de confort más físico, sin la intermediación de las inclemencias del tiempo. A la mañana y a última hora de la tarde está fresco y, en contra de lo que se cree, no se dejan de usar los guantes: es recomendable por seguridad y protección.

Los peatones también acuden a la cita en pleno subidón del termómetro. Hay paseos en trineos, itinerarios en motos de nieve, circuitos de raquetas de nieve y recorridos en back country por bosques y miradores para explorar la parte de atrás del Cordón Chapelco esquiando sobre nieve virgen. Los encantos de San Martín de los Andes, mientras, esperan al pie del cañón.