Jueves 29 de Octubre de 2020

 

CON CASI CUATRO SIGLOS DE EXISTENCIA, EL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS ES, JUNTO CON NAVIDAD, EL FESTEJO ANUAL MÁS IMPORTANTE PARA EL PUEBLO NORTEAMERICANO. EL CORAZÓN DEL EVENTO, QUE INCLUYE UN COLORIDO DESFILE POR LAS CALLES DE MANHATTAN, ES EL BANQUETE DONDE MANDA, DORADO Y ENORME, SU MAJESTAD, EL PAVO.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se ha visto en cientos de películas y series: durante el festejo del Día de Acción de Gracias los norteamericanos se reúnen en familia (son capaces de viajar cientos o miles de kilómetros para hacerlo), comen una enorme cantidad de alimentos y un espíritu de confraternidad sobrevuela, amable, la celebración. El cuarto día de noviembre es el elegido (en Canadá es el segundo lunes de octubre) para que un enorme pavo horneado presida un banquete donde el resto de los platos, apetitosos, coloridos, sean como los actores de reparto de una mesa por la que se trabaja arduamente. A la omnipresente ave –que va al horno por horas y comúnmente lleva un relleno de miga de pan y hierbas– se la acompaña con salsa de arándanos. A su alrededor se disponen diferentes preparaciones que ofician de partenaires: vegetales (arvejas, batatas, calabaza, zanahorias braseadas, repollitos de Bruselas gratinados), puré de papas –siempre bañado con salsa gravy– y variedad de ensaladas. No faltan el pan de maíz ni la decoración ad hoc. Los postres tampoco se quedan atrás en cantidad y variedad: tartas de calabaza, batata, nueces pecan, zanahoria, chocolate o manzana que completan el festín.

 

EN ESTADOS UNIDOS, UNA DE LAS TRADICIONES DE ESTE DÍA ES EL INDULTO QUE DA EL PRESIDENTE A UNO DE LOS DOS PAVOS QUE SE SERVIRÍAN EN LA CENA DE LA CASA BLANCA.

 

 

 

CUATRO SIGLOS DE HISTORIA

En Estados Unidos la tradición nació en 1621. Más precisamente en Plymouth, estado de Massachusetts, cuando los colonos ingleses compartieron una comida con los nativos (indios de la tribu Wampanoag) para celebrar la cosecha de otoño y también en agradecimiento por haber aprendido de éstos útiles técnicas de cultivo y caza. El aporte de alimentos fue compartido: los indios llevaron carnes asadas (pavo, ciervo) y los colonos, los acompañamientos, entre ellos una primigenia salsa de arándanos. La celebración duró tres días. Pasados los siglos, entre los insignes presidentes Abraham Lincoln y Franklin D. Roosevelt (el primero lo hizo en 1863; el segundo en 1941, ya con aprobación del Congreso) lo declararon festivo. Desde entonces, con su mezcla de encuentro familiar y ocasión para dar las gracias por lo bueno que se tiene, compartiendo bendiciones y deseos de prosperidad, se ha transformado en el festejo anual más importante para los norteamericanos, aventajando muchas veces hasta a la mismísima Navidad.

ANTES DE LA COMIDA, EL DESFILE

Es un evento imperdible si se está en el lugar de los hechos (aunque hay quienes prefieren verlo por televisión debido a la probabilidad de bajas temperaturas). Se trata del Macy’s Thanksgiving Day Parade, el desfile organizado en Nueva York por la gigantesca tienda Macy’s y que se lleva a cabo el mismo Día de Acción de Gracias. Bailarines, músicos, bandas, carrozas y esos enormes y característicos globos cuyas formas representan a conocidos personajes del comic y los dibujos animados, recorren las calles de Manhattan, comenzando a las 9 de la mañana en la calle 77 y Central Park West en dirección a Midtown, girando en Columbus Circle hacia la Av. 6a y Central Park South, continuando luego hasta la calle 34 para llegar a Macy’s. En total son unos 4 km. La gente reserva sus lugares desde muy temprano e incluso los más valientes acampan la noche anterior como para no perderse ningún detalle.

DESPUÉS DE LA COMIDA, LAS COMPRAS

A la larga –y sustanciosa– jornada del jueves la sucede el llamado Black Friday, el viernes que da comienzo a la temporada de compras que precede a la Navidad. Los asombrosos descuentos y promociones en locales y tiendas hacen que los norteamericanos salgan temprano a las calles, para que después de una tradición secular se cumpla otra, propia del capitalismo: la del alto consumo.