Lunes 26 de Octubre de 2020

ANTES DE SER DESTINO VACACIONAL DE LAS CLASES POPULARES, ESTA HERMOSA CIUDAD BALNEARIO FUE CONSIDERADA LA “BIARRITZ ARGENTINA” POR LA ARISTOCRACIA NACIONAL, QUE LA HIZO SU LUGAR PREDILECTO DE VERANEO.

Antes de convertirse en el balneario más popular y concurrido de la Argentina, Mar del Plata era un destino exclusivo, reservado para la pujante aristocracia porteña de fines del siglo XIX. Grandes residencias de veraneo, hoteles lujosos, arquitectura cosmopolita, son algunos de los legados del pasado patricio de esta ciudad.
Mar del Plata fue fundada en 1874 por uno de los integrantes de aquella aristocracia, Patricio Peralta Ramos. Esto explica el inmediato éxito que tuvieron estas playas del sur bonaerense. Con la llegada del ferrocarril en 1886, las familias más ricas del país convirtieron a este destino en la “Biarritz argentina”, en referencia al exclusivo balneario francés. Florecieron construcciones inspiradas en el pintoresquismo europeo y, luego, en el art decó.
El imponente Hotel Bristol, inaugurado en 1888, deslumbró con su estilo anglo-normando y marcó la tendencia que atrajo a las familias más ricas del país, que se deslumbraban con el Paseo General Paz, diseñado por el prestigioso paisajista francés Carlos Thays, y la Rambla Bristol, montada por Luis Jamin.
En sintonía, comenzaron a construirse chalets y mansiones de élite, donde la aristocracia pasaba sus vacaciones durante varios meses, desde noviembre hasta Semana Santa. Tenían reglas muy estrictas para el uso de las playas: los hombres no podían bañarse en el mar mezclados con las mujeres que no fuesen de su familia, los trajes de baño debían cubrir desde el cuello hasta la rodilla y no podían emplearse palabras “contrarias al decoro”.
De aquella época de esplendor todavía quedan en pie varias piezas de valor arquitectónico, como el Torreón del Monje, el chalet de Ana Elía Ortiz Basualdo, donde actualmente funciona el museo de arte Castagnino, la casa de la escritora Victoria Ocampo y la quinta de Emilio Mitre, transformada en el Archivo Histórico Municipal.
La crisis económica mundial desatada en 1930 significó el fin del “veraneo aristocrático”. Comenzó entonces otra época para Mar del Plata, que algunos años después sería adoptada como destino predilecto para las clases populares argentinas, que la rebautizaron como “La Feliz”.

Todo un símbolo de la Mar del Plata aristocrática de principios de siglo: reunión social en torno a una rotisserie, un indicador de la sofisticación que ya se evidencia en la vestimenta utilizada.

Una imagen que no difiere demasiado de lo que sucede hoy, a un siglo de distancia: la zona de Playa Grande concurridísima y repleta de automóviles estacionados. De fondo, el hotel Deauville.

Glorieta de estilo francés en la Rambla Bristol; de las que en Mar del Plata ya no quedan y que los turistas aprovechaban para repararse del azote del sol.

Un concepto muy distinto de lo que actualmente se conoce como “playa”.