Jueves 22 de Octubre de 2020

AL SON DE LA MÚSICA DE GERSHWIN Y EN GLORIOSO BLANCO Y NEGRO, LA PELÍCULA DE WOODY ALLEN SIGUE SIENDO UNA POSTAL DE NUEVA YORK, A 40 AÑOS DE SU ESTRENO.El comienzo es inolvidable. Postales icónicas de la ciudad en esplendoroso blanco y negro mientras suena “Rhapsody in Blue”, de George Gershwin, en versión de la Filarmónica de Nueva York. El clarinete que prologa la bella composición parece trepar por la cima del Empire State para luego saltar hacia la del Chrysler Building, mientras en off Isaac Davis, el personaje de Woody Allen, va trenzando frases que intentan explicar cuánto y por qué ama la ciudad en la que vive. Guionista de TV, dos veces divorciado, Isaac, de 42 años, está en medio de esa encrucijada en la que tarde o temprano caen los hombres de mediana edad. Una crisis que enfrenta con armas débiles: por un lado, mantiene una inconsistente y culposa relación con Tracy (Mariel Hemingway), una jovencita de 17 años que se muestra mucho más segura y equilibrada que él; por otro, está insatisfecho con su trabajo.

EN LA PELÍCULA APARECEN SITIOS EMBLEMÁTICOS DE LA CIUDAD: EL MOMA, EL MUSEO DE ARTE MODERNO, EL CENTRAL PARK Y LA TIENDA ZABAR’S, ENTRE OTROS.

Mientras eso sucede, ve cómo su ex esposa (Meryl Streep), que lo dejó por otra mujer, está por ventilar pormenores de su fallido matrimonio en un libro; además, es testigo del romance extra matrimonial que mantiene su mejor amigo, Yale (Michael Murphy), con la liberal e inteligente Mary (Diane Keaton), con la que luego él mismo vivirá un romance que enredará aún más las cosas. El telón de fondo es la Manhattan del título, fotografiada por el gran Gordon Willis y exhibida en toda su locura, belleza y frenesí por Allen, que envuelve con ella un guion que es como una espiral de reflexiones y apuntes existencialistas en los que caben todas las señales de la intelectualidad neoyorquina (snobismo incluido) de comienzos de los 80.

ES LA TERCERA PELÍCULA DE ALLEN QUE MÁS RECAUDÓ EN ESTADOS UNIDOS, DESPUÉS DE MEDIANOCHE EN PARÍS (2011) Y HANNAH Y SUS HERMANAS (1986).

Estrenada el 25 de abril de 1979, si bien no obtuvo la misma unanimidad en el juicio de la crítica ni logró análoga cantidad de premios (sólo logró dos nominaciones a los Oscars: guión y actriz de reparto), Manhattan comparte tono y ciertos ejes temáticos con su antecesora, la consagratoria Dos extraños amantes (Annie Hall, 1977). En ambas no solo forman pareja él y Keaton (lo fueron en la vida real durante un año), también está el germen de los típicos personajes que luego poblarían el Mundo Allen: conflictuados, hipocondríacos, cargados de culpa, fatalistas, reflexivos hasta la obsesión, reacios al optimismo gratuito. Las dos son también comedias románticas sofisticadas, pespunteadas por el impecable sentido del humor de Woody, que compartió la escritura del guion con Marshall Brickman en ambas ocasiones.

EN 2001 FUE SELECCIONADA PARA SER CONSERVADA EN EL REGISTRO NACIONAL DE PELÍCULAS DE LA BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE ESTADOS UNIDOS.

Pero además Manhattan es un póster, una imagen fija en la memoria del cinéfilo. Su afiche, con Isaac y Mary de espaldas mientras contemplan la noche de frente al East River y el puente de Queensboro, es una de las señas de identidad del cine de Allen y de Hollywood mismo. El film, en definitiva, y más allá de esa imagen específica, es como una carta de amor del director a la ciudad donde nació y que luego sería escenario de la mayoría de sus realizaciones. Y está filmado en blanco y negro porque esa era la imagen que Allen tenía de la Nueva York de su infancia. También la decisión de que la banda de sonido estuviera íntegramente compuesta por música de otro neoyorquino ilustre como Gershwin (además de Rhapsody… suenan muchos temas que forman parte del Great American Songbook) agrega un sentido de pertenencia que además se corresponde perfectamente con lo que las imágenes están contando. Porque para Allen (y su cine) no hubo ni habrá –más allá de sus incursiones europeas de mediados de 2000 para acá– mejor escenario que su amada Manhattan.