Domingo 25 de Octubre de 2020

PARA EL CULTO CATÓLICO, SU HISTORIA SE REMONTA AL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS. UNA COSTUMBRE QUE NO ESCATIMA EN RITUALES Y PARA LOS CHICOS TIENE UN FINAL DULCE Y FELIZ EN LA MAÑANA DEL 6 DE ENERO.

Por el cinco de enero, para el seis, yo quería, que fuera el mundo entero una juguetería”. Transformado en maravilloso verso por el poeta español Miguel Hernández, el deseo se repite como un mantra desde hace mucho tiempo en vísperas del sexto día del nuevo año. Se prodiga en una escena: la carta con pedidos que los chicos de la casa cuelgan del árbol de Navidad, y al pie de éste, zapatos lustrosos, un recipiente con agua y un cuenco con pasto. La ofrenda, se sabe, se cambia por regalos que los Reyes Magos entregan a hurtadillas y en el más absoluto silencio. No importa que entren al living con sus camellos y rodeados de toda la pompa que su condición real amerita: nadie advierte su presencia. Un hecho mágico que se renueva año a año. Sucede en Italia, España y países hispanohablantes y es una tradición que nadie sabe cuándo comenzó exactamente.Ahora bien, ¿cuánto de cierto hay en la historia de los tres reyes orientales que, siguiendo la Estrella de Belén, viajaron leguas y leguas para recibir a Jesús de Nazaret y ofrecerle un tributo de oro, incienso y mirra? Existen códices medievales y renacentistas que los mencionan y permiten reconstruir cómo se forjó su leyenda, pero no dándoles estatura de nobles sino mencionándolos como tres astrólogos que relacionaron el hallazgo de la referida estrella con el nacimiento de un posible Mesías.
Si se le quiere atribuir al episodio pertenencia al culto católico, es necesario señalar que sólo el evangelio de San Mateo los menciona. Y no son allí Reyes Magos sino Magos de Oriente. Tampoco dice que ellos fuesen tres sino que tres fueron los regalos, de ahí la confusión. Del mismo modo, no se mencionan nombres, aunque existen dos textos (uno se llama Excerpta Latina Barbari y el otro es un evangelio apócrifo) que hablan de Melchor, Gaspar y Baltazar. La creencia popular hizo el resto, incluso dar por ciertas las características físicas que se les atribuyen: el primero aparece siempre como un anciano de barba y tez blanca; a Gaspar se lo representa de mediana edad, luciendo siempre barba pelirroja y piel más oscura; y Baltazar es señalado como el más joven del trío, y de raza negra. Interpretaciones cuyas intenciones fueron marcar diferencias de culturas, otorgándole a cada uno un origen diferente: Europa, Asia y África.
Pero más allá de la iconografía “oficial”, y ateniéndonos exclusivamente a la perspectiva histórica, estos magos habrían pertenecido a una casta sacerdotal persa, derivada de la época de la dinastía aqueménida (550-331 aC). En cuanto a lo religioso, seguían los preceptos paganos de pueblos que interpretaban los astros y sus pronósticos.
Y hay más historias rodeándolos. Si hasta el papa Benedicto XVI aseguró en 2012 que no venían de Oriente sino de Tartessos, una zona que los historiadores ubican en la península ibérica. El pontífice armó revuelo, es cierto, pero sus palabras no alcanzaron a perjudicar la leyenda. Esa que hace que cada madrugada del 6 de enero los chicos no peguen un ojo esperando la visita de Melchor, Gaspar y Baltazar.