Miércoles 28 de Octubre de 2020

Autor: Richard Lingua


Hace un par de años, la Bodega Chandon me invitó a recorrer el precioso lugar donde fabrican sus espumantes. La estancia se encuentra en Agrelo, Luján de Cuyo, a una hora o menos de ruta desde la ciudad de Mendoza.

El paisaje de viñedos siempre me ha provocado fascinación. Los espacios amplios, las vistas infinitas. Las enormes montañas -en este caso los Andes sudamericanos-, el valle con sus perfectamente geométricas plantaciones de vid.

En los años 50 del siglo pasado, la casa francesa Möet & Chandon se estableció en esta finca, con construcciones que recuerdan los cascos inconfundibles de las grandes extensiones pampeanas.

El tiempo se desliza lento mientras los perfectos anfitriones expertos en vinos recorren con el visitante las instalaciones donde se fabrican con distintos métodos los diferentes espumantes. 

El maridaje, la calidad del producto, el sentido de la arquitectura de las instalaciones: todo es digno de curiosidad, y todo es placentero. La recorrida por los enormes jardines, donde la vista se pierde sobre las uvas iluminadas por el sol omnipresente, es reconfortante e íntima en contraste con la inmensa naturaleza.

El restaurante, al más puro estilo francés, soleado, todo ventanas, es una parada exquisita donde degustar la comida combinada con el vino perfecto. 

Recorrer bodegas es uno de los paseos más interesantes y relajados que uno pueda escoger. Y brindar allí por todo lo que de bello tiene la vida.


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