Martes 20 de Octubre de 2020

DESDE HACE 5 AÑOS, MÁS DE 200 AFICIONADOS SE SUBEN A SUS KAYAKS Y REMONTAN LOS CURSOS DE AGUA DE LA ARGENTINA PARA REALIZAR LA TRAVESÍA LACUSTRE MÁS GRANDE DEL PAÍS.
“HAY PERSONAS QUE REMAN DESDE HACE AÑOS, PERO ACÁ NO HAY ESTRELLAS. TENEMOS UN ESPÍRITU SOLIDARIO. SALIMOS TODOS JUNTOS Y VOLVEMOS TODOS JUNTOS”

La idea surgió como surgen muchas: buscándole la solución a un problema. O, al menos, buscando la manera de atenuar ese problema: las inundaciones en la provincia de Buenos Aires. Había tantos campos inundados, tantas lagunas donde antes sólo había tierra y siembra, que a Emmanuel Matheus se le ocurrió dibujar, sobre esas aguas, rutas acuáticas para navegar en kayak. Así empezó en 2012 el proyecto Jugo de Canoa, que hoy se convirtió en la travesía más grande del país en esta especialidad debido a la cantidad de espejos de agua en la que se desarrolla y, sobre todo, por el número de inscriptos, que son más de 200. Las travesías suelen realizarse una vez por mes y los destinos cambian según la cantidad de personas que se anoten y, obvio, el clima. Guaminí-Cochicó, por ejemplo, resulta ideal para hacerlo en primavera, lo mismo que Sierra de la Ventana. El plato fuerte, tanto en verano como en invierno, es en Los Reyunos, en el Embalse Valle Grande, en Mendoza. Las travesías, además, no implican sólo remar: algunas incluyen campamentos, fogones y caminatas nocturnas por lugares increíbles.

PASIÓN A DÚOAMIGOS Y CÓMPLICES EN ESTA AVENTURA, DESDE LA BONAERENSE TRENQUE LAUQUEN, EMMANUEL MATHEUS Y MARTÍN PALAZZANI HABLAN DE JUGO DE CANOA CON UN ENTUSIASMO QUE CONMUEVE. EMMANUEL ES PERIODISTA, TIENE SU PROPIA RADIO Y TRABAJA EN EL CANAL 12 DE LA CIUDAD; MARTÍN MANEJA UNA EMPRESA QUE REALIZA TRABAJOS VIALES. HASTA QUE CONOCIÓ A SU COMPINCHE, JAMÁS SE HABÍA SUBIDO A UN KAYAK.Matheus lo aclara: “No somos un grupo de competencia, no somos profesionales ni excelentes remadores. Sólo somos gente con ganas de remar”, dice. Las ganas, de todos modos, necesitan cierta organización, indispensable por la cantidad de personas que se entusiasman con el proyecto. Por eso, cuenta Matheus, debieron recurrir a las municipalidades de Trenque Lauquen, de Guaminí y de Adolfo Alsina, para que colaboren con los gastos de traslado de los atletas (se necesitan al menos dos micros por cada encuentro) y de los botes (que demanda un camión). El resto se cubre con la inscripción, que tiene un precio módico por lo que ofrece: seguro médico, refrigerio en la salida y en la llegada, guías para los descansos y un asado de cierre. Si bien no se reconocen como “profesionales”, los que navegan en Jugo de Canoa saben que necesitan cierta preparación para completar recorridos que van de los 15 a los 25 kilómetros, y que en muchos casos pueden dificultarse por las condiciones climáticas o las corrientes. Ayuda, dicen, que todos los kayaks sean sit on top, mucho más livianos y versátiles que los tradicionales, debido a que pueden usarse en mares, ríos, lagos, lagunas o arroyos. Matheus lo remarca para que no queden dudas: “Hay personas que reman desde hace años, pero acá no hay estrellas. Tenemos un espíritu solidario. Salimos todos juntos y volvemos todos juntos”. Una buena manera de incentivar a los que nunca remaron, pero que tienen ganas de vivir esta experiencia.