Jueves 29 de Octubre de 2020

CON 44 AÑOS, ESTE ACTOR DE CARA ANGULOSA Y SEDUCTORES OJOS CELESTES TRASCENDIÓ EL ROL DE GALÁN DE TELENOVELA PARA BRILLAR EN CINE Y TEATRO. VERSATILIDAD, TALENTO Y COHERENCIA.

Poco de haberse estrenado el film La quietud, de Pablo Trapero, Joaquín Furriel está grabando la segunda temporada de la serie El jardín del bronce –coproducida por HBO Latinoamérica y Polka– en cuya primera temporada interpretó a un arquitecto devenido en investigador amateur para tratar de encontrar a su hija, misteriosamente desaparecida. Joaquín descubrió su vocación actoral en la adolescencia y muy joven ingresó en el Conservatorio de Arte Dramático. Sus primeros papeles le llegaron en los escenarios teatrales y su debut televisivo fue en 1996, en Montaña Rusa, otra vuelta. Más de dos décadas después, su crecimiento se ve como una flecha ascendente que no parece tener límite: integró los elencos de incontables ficciones de horario central y en 2004 obtuvo su primer papel protagónico. Fue en la telenovela Jesús, el heredero. En teatro, otro tanto: entre las más de 13 obras que hizo, se destacan clásicos de Calderón de la Barca y William Shakespeare junto a actores como Alfredo Alcón, Rodrigo de la Serna, Fabián Vena y Paola Krum, con quien estuvo casado seis años y tuvo a su hija, Eloísa, de 10 años. Justamente jugando con ella fue que tuvo un pequeño accidente doméstico –coadyuvado por los 10 kilos de más que había engordado para su personaje en Entre caníbales– que le provocó la fractura de una vértebra dorsal. En 2015, cuando terminaba de rehabilitarse de esa lesión, otra vez la salud: Joaquín sufrió un accidente cerebro- vascular en un vuelo que lo traía de regreso a Buenos Aires tras unas vacaciones en Londres. En ese momento circularon muchas versiones en torno a la causa de ese ACV; se habló de drogas, de excesos, de estrés. Y cada vez aclaró que es muy sano, que ni siquiera toma alcohol y que los médicos encuadraron su caso entre el 30% de quienes sufren un ACV sin motivo. La recuperación fue rápida y sin secuelas. “Usted tuvo mucha suerte”, le dijeron quienes lo atendieron y el actor entendió que está viviendo “una suerte de bonus track”. A partir de esos dos accidentes, Joaquín comenzó a mirar la vida de otra manera y a tomarse el trabajo con más calma. En una entrevista con La Nación, explicó: “No alcanza con ser saludable o no tener adicciones. Yo nunca las tuve. No me interesan las drogas, no me interesa tomar alcohol más que una copita en cuestiones sociales. Lo que me gusta es hacer montañismo, los deportes acuáticos”. Hoy volvió a darles espacio a amistades históricas, se permite mostrarse más vulnerable. En lo laboral se puso más selectivo y, por ejemplo, ya no hace tiras diarias y teatro al mismo tiempo. Entre sus proyectos, manda el deseo de volver a las tablas. “Nunca estuve tanto tiempo sin hacer teatro”, se lamenta. El regreso será con todo: en enero comenzará a ensayar nada más y nada menos que Hamlet.

DESPUÉS DE SUFRIR DOS ACCIDENTES, JOAQUÍN COMENZÓ A MIRAR LA VIDA DE OTRA MANERA Y A TOMARSE EL TRABAJO CON MÁS CALMA.

A pesar de su reticencia a las redes sociales, acaba de sumarse a Instagram por consejo de su compañera de elenco en La quietud, Graciela Borges. Además de publicitar sus nuevos trabajos, de mostrarse en algunas experiencias personales y de recordar imágenes del pasado, Joaquín aprovechó ese medio para dar a conocer el drama de la esclavitud moderna con datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con una imagen de su inolvidable personaje de El patrón, radiografía de un crimen. Así, Furriel, un actor que pudo haberse quedado en la zona de confort del galán de TV, sigue explorando más allá en su carrera y vive una vida más centrada, tras dos sustos que pudieron haberlo dejado fuera de juego.

A PESAR DE SU RETICENCIA A LAS REDES SOCIALES, HACE MUY POCO FURRIEL SE SUMÓ A INSTAGRAM POR CONSEJO DE SU COMPAÑERA DE ELENCO EN LA QUIETUD, GRACIELA BORGES.