Jueves 29 de Octubre de 2020

STEVE JOBS FUE UN CREADOR ÚNICO QUE REVOLUCIONÓ EL MUNDO DE LAS COMPUTADORAS, LOS DISPOSITIVOS PARA ESCUCHAR MÚSICA Y LOS TELÉFONOS CELULARES. Y TAMBIÉN EL DE LAS TABLETS CON LA ÚLTIMA GRAN CREACIÓN DE SU VIDA.

Fue la última pirueta de un creador notable y apasionado, el destello final de una mente privilegiada que, apenas un año y nueve meses después, en octubre de 2011, se apagaría. El 27 de enero de 2010, Steve Jobs, cofundador de Apple (y en ese momento presidente ejecutivo de la compañía), presentaba el iPad en el escenario del Yerba Buena Center for the Arts. La keynote (nombre con que Apple llama a los eventos donde muestra sus nuevos productos) puede verse completa en YouTube y exhibe el magnetismo del hombre que había nacido hacía 55 años en San Francisco y con gracia y enorme capacidad de convencimiento explicaba las bondades de un dispositivo con el cual daría vueltas todo lo conocido en la materia. Estaba acostumbrado a hacerlo: ya su genio innovador había transformado las computadoras (de la sorprendente aunque comercialmente inviable Apple III a las hoy omnipresentes iMac, MacBook o MacAir) y sus accesorios (mouses, teclados, cargadores de corriente). Además, nada menos podía esperarse del creador de dos dispositivos que cambiaron la manera de almacenar y escuchar música y de comunicarse: el iPod y el iPhone. Jobs fue una fuerza de la naturaleza donde se unía el afán por llevar siempre la tecnología de punta un paso más allá, presentada del modo más bello posible (¿qué otros productos antes de los suyos se permitieron ser enteramente blancos sin que eso pareciera un detalle bizarro?) y aliada de la exclusividad (los dispositivos Apple son masivos en todo el mundo y sin embargo siempre parecieran ser para pocos).


Ideas van, ideas vienen En 2010 estaban de moda las hoy desaparecidas netbooks. De tamaño más chico que las laptops, parecían lo solución al problema de tener que cargar esas pesadas computadoras. Ocupaban el espacio que había entre ellas y los teléfonos celulares. Pero no servían para demasiadas cosas más. Pues bien, Jobs tomó nota y se hizo una pregunta: ¿por qué hacer una laptop en versión mini cuando él ya dos años antes había presentado la MacBook Air?
La idea del iPad surgió en una conversación entre ejecutivos de Apple donde la netbook fue el foco. Uno de esos capos, Johnnie Ive, sugirió, en acuerdo con Jobs, que había que eliminar el teclado a favor de la tecnología multitouch. El proyecto involucró unas 20 versiones de prueba hasta que quedó la definitiva: un modelo todo pantalla, con bordes que no tocaran ninguna superficie plana, facilitando así al usuario el poder levantarlo y llevarlo consigo. Como cerrando el círculo, Jobs cargó contra las netbooks en la presentación: “No hacen nada que no hagan celulares o laptops, son simplemente computadoras portátiles baratas con procesadores lentos, pantallas y software de PC antiguo”, dijo, y enseguida introdujo su nueva creación: “Pero tenemos algo que sí. Lo llamamos iPad”. Desenfundó el dispositivo ahí mismo, asombró a la concurrencia con lo precioso de su diseño y mostró cuánto se podía hacer con él. Las tablets ya existían en el mercado pero ninguna era como ésa, ni desde su aspecto exterior ni desde el desempeño. Los aplausos arreciaron. Periodistas especializados, empleados actuales y antiguos de la compañía, su propia familia y hasta el médico que en 2009 le había practicado un transplante de hígado lanzaron suspiros de admiración cuando ese hombre alto y delgado, de eternos jeans, zapatillas blancas y remeras negras de cuello alto y mangas largas deslizó su mano por la pantalla del iPad y habló de emails, de fotos, de música, de planillas de cálculo, de prestaciones que transformaban ese dispositivo en una computadora de mano.

JOBS FUE UNA FUERZA DE LA NATURALEZA DONDE SE UNÍA EL AFÁN POR LLEVAR SIEMPRE LA TECNOLOGÍA DE PUNTA UN PASO MÁS ALLÁ, PRESENTADA DEL MODO MÁS BELLO POSIBLE Y ALIADA DE LA EXCLUSIVIDAD.

Al final hay recompensa
Algunos medios dedicados a la tecnología dijeron: “es un iPhone grande sin teléfono”, otros se quejaban porque no tenía entrada USB. Los decepcionados usaban como argumento, incluso, el hecho de que el dispositivo no poseyera cámara (fue así hasta su segunda generación, el iPad 2, presentado un año después). Hasta el mismo Bill Gates opinó desfavorablemente (“Es un lector bonito, pero no hay nada en el iPad que me haga decir ‘Oh, desearía que Microsoft lo hubiera hecho’”, comentó). Pero la mayoría eran sentencias previas, basadas en la presentación en sociedad. Cuando en abril la tablet salió al mercado y muchos de los que la criticaron la tuvieron en sus manos, la cosa cambió. La respuesta del público hizo el resto: 300 mil unidades vendidas solo el primer día y un millón al cabo de un mes. En tres meses habían cruzado la barrera de los 20 millones, superando las ventas de computadoras de la firma.
Desde aquel 27/1/2010 aparecieron seis versiones más del iPad clásico, tres del iPad Air, cinco del iPad Mini y tres del iPad Pro. La enorme mayoría de ellas con Steve Jobs ya fallecido (murió de cáncer el 5 de octubre de 2011). Todas –aunque quienes lo conocieron bien aseguran que muchas no hubiesen sido aprobadas por él– honran el talento y visión de un hombre irrepetible, que ya en un discurso que data de 1983 (sí, 1983) la había anticipado: “Queremos poner una computadora increíblemente genial en un libro que puedas llevar contigo y aprender a usar en 20 minutos”. Vaya si lo logró.