Jueves 29 de Octubre de 2020

AUNQUE SU GRAN ÉXITO Y POPULARIDAD SE LOS DEBE A LA TV, EL ACTOR DE EL CLAN HA SABIDO FORJAR UNA CARRERA INTERPRETATIVA EN LA PANTALLA GRANDE QUE EN ESTE 2018 LOGRÓ SU PICO DE EXPOSICIÓN CON LOS ESTRENOS DE ANIMAL Y MI OBRA MAESTRA.

La relación de Guillermo Francella con el cine comenzó hace mucho tiempo: pasaron exactamente 45 años desde que apareció como extra en Los caballeros de la cama redonda. Entre esa película picaresca de los hermanos Sofovich (la primera Olmedo y Porcel de la historia) y Mi obra maestra, el film de Gastón Duprat que se estrena el 16 de este mes, no sólo existen una treintena de producciones cinematográficas donde él participó –y de las cuales protagonizó más de veinte– sino toda una reinvención actoral.


Para muchos, Francella es sinónimo de comedia. Ahora mismo la pantalla de Telefe sigue logrando buenos números de audiencia con la repetición de Casados con hijos, un programa grabado en el bienio 2005-2006; y no hace ni un año que con uno solo de sus gestos que son marca registrada hizo reír a un bar entero en una propaganda de cerveza. Sin embargo, y a pesar de que sus comienzos y su gran éxito están relacionados estrechamente a la televisión, su carrera hizo un clic desde la pantalla grande. Fue cuando el director mexicano Carlos Cuarón decidió que no había actor más adecuado que él para interpretar a Batuta, el inescrupuloso manager de Rudo y Cursi. Cuarón había quedado encantado con lo que el actor hacía en Poné a Francella años antes (el programa se emitió en 2001-2002, mientras que el film es de 2008). Tuvo buen ojo: muchos críticos señalaron que el argentino era lo mejor de la película.

EN MI OBRA MAESTRA COMPARTE EL PROTAGÓNICO CON OTRO GRANDE, LUIS BRANDONI.


A partir de allí, el actor nacido hace 63 años en Beccar y fuertemente identificado con el Racing Club de Avellaneda sólo protagonizó en TV la laureada miniserie El hombre de tu vida (2011-2012) mientras que su trabajo en el cine fue tomando intensidad y volcándolo a una faceta, la de intérprete dramático, en la que comenzó a desenvolverse con riesgo y talento. Al punto de partida que marcó Rudo y Cursi le siguió el éxito –con premio Oscar incluido– de El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009); luego llegarían las comedias dramáticas Corazón de león (Marcos Carnevale, 2013) y El misterio de la felicidad (Daniel Burman, 2014) hasta que en 2015 le tocó encarnar al siniestro Arquímedes Puccio en El clan, el film de Pablo Trapero que contó con crudeza las actividades delictivas del llamado Clan Puccio. “Me sentía otro tipo haciendo de Arquímedes. Pero no me llevaba el personaje a casa, para nada. Llegué a él virgen de mecanismo interpretativo. No llevé adelante ningún recurso propio y me metí en la piel de mi rol apelando a la intuición y a la sorpresa”, declaraba en ocasión del estreno del film, desnudando así las herramientas actorales que le sirvieron para hacer un tipo aterrador desde su pasividad y sangre fría. En 2018 las fichas se repartieron: mientras en marzo debutó como director teatral de la obra Perfectos desconocidos, protagonizó Animal, segundo film de Armando Bó Jr. Y ahora encara el estreno de Mi obra maestra, una comedia tragicómica donde interpreta a Arturo, un galerista que se las ve negras con un viejo amigo –un artista talentoso pero anárquico interpretado por Luis Brandoni– a quien intenta salvar de la decadencia con un plan tan extremo como genial. Será un peldaño más de la escalera en la que, desde que decidió apostar todo por el cine, Guillermo Francella no ha hecho más que subir.