Martes 20 de Octubre de 2020

CON EL ÉXITO DE LA PEÑA DE MORFI, EL CONDUCTOR, PERIODISTA Y PRODUCTOR ROSARINO LE DEVOLVIÓ A LA TV DE AIRE DOS INSTITUCIONES QUE PARECÍAN PERDIDAS EN EL TIEMPO: LA MÚSICA EN VIVO Y LOS PROGRAMAS DE LARGA DURACIÓN. EN ESTA ENTREVISTA, DESMENUZA LAS RAZONES DE UN FENÓMENO QUE SE REPITE DOMINGO A DOMINGO.

En Morfi, todos a la mesa los viernes hacíamos ‘el fogón’, juntando artistas de distintos géneros que terminaban tocando juntos. Lo del domingo fue bastante eventual: el canal estrenaba otro programa a las 14 y como el que hacíamos era un éxito nos pidieron, como única vez, un programa especial para calentar un poco la pantalla. Anduvo muy bien esa previa, así que hicimos otro. Y después otro. Y así llevamos cuatro años”. Gerardo Rozín explica los orígenes de La peña de Morfi y exhibe una mezcla de orgullo y asombro, como si algo del orden de lo incomprensible hubiese hecho su magia para reverdecer un formato televisivo en desuso (el de los programas llamados “ómnibus”) y transformarlo en uno de los ciclos más vistos del fin de semana. Con sus cinco horas y media de música, cocina, humor y entrevistas, el programa está instalado en ese entrañable espacio que alguna vez ocuparon programas como Badía y Cía o Cordialmente. Pero ni así se la cree este periodista y productor de raza establecido ya desde hace tiempo en el rol de conductor. Sospecha, sí, que los buenos resultados obtenidos le deben mucho al “empecinamiento productivo” que según él viene de fábrica con los nacidos en Rosario. Una reversión del viejo y querido “pico y pala”.–¿Te parece que La peña… le devolvió a la tele algo que le estaba faltando?

–Es un programa largo de los que ya casi no hay. Y una de las columnas, sin dudas, es la música en vivo. Lo que tiene del espíritu de aquellos programas de los 80 es la intención de generar un espacio para la música popular, tanto para los consagrados como para lo nuevo. Abrir la puerta en los dos sentidos. Pero es un programa curioso: está vinculado a ese género pero viene Santiago (Giorgini, el chef del programa) y de golpe te hace una provoleta que te morís. Su búsqueda está relacionada con cocina argentina tradicional y popular, pero le busca siempre una vuelta en relación a lo que se usa o es nuevo. Aparte inventa mucho, es loco de verdad. Un artista. El programa es una química rara entre comidas, recetas, música y humor.

–Además le da mucho lugar al folclore…

–No puede faltar. Afortunadamente el programa anda muy bien y eso genera que nos manden mucho material. Lamentablemente no podemos incluir todo, por lo que mezclamos lo que a nosotros nos gusta con lo que nos parece que falta.

“LO ÚNICO QUE PODÉS ‘SABER’ DE LA TELE ES QUE SI UN DÍA VAS AHÍ A ENSEÑAR, SONASTE”

–¿Sentís que es el programa que querías hacer?

–Mi trabajo es conseguir que los que pasen por el producto dejen lo mejor de sí. Realmente es un laburo de equipo. Entiendo que para los que les gusta la música yo me llevo la mejor parte, pero el programa lo hacemos todos. Me parece que, por ejemplo, Rodrigo (Cascón, el otro chef del programa) es mejor que cuando entró, que ya era muy bueno. Y eso sucede también con los humoristas y la repentización que les pedimos. Buscar la manera de que cada uno nos dé lo mejor.

–En ese sentido te mostrás muy auténtico. ¿Creés que esa es tu mejor carta?

–Es un programa en el que voy de verdad, con todo. No voy a actuar un conductor. Cuando vendés música popular estás hablando de cosas que son parte importante del lugar donde vivís, no es joda.

“MI TRABAJO ES CONSEGUIR QUE LOS QUE PASEN POR EL PRODUCTO DEJEN LO MEJOR DE SÍ. REALMENTE ES UN LABURO DE EQUIPO”

–¿Estás conforme con tu trabajo como conductor? ¿Tenés referentes?

–Mi modelo –me di cuenta de grande porque tengo parecidos en el estilo y la búsqueda– es Juan Carlos Mareco. Te diría que es casi mi único referente. Yo soy muy agradecido porque me fue muy bien. Ahora, si me pedís una evaluación propia, soy muy crítico. Empecemos por el principio: no conozco muchos que se hayan echado a sí mismos, y yo me corrí de la conducción del programa diario porque sentí que iba a mejorar con otro conductor.

–Un aprendizaje constante…

–Lo único que podés “saber” de la tele es que si un día vas ahí a enseñar, sonaste. Tenés que ir a aprender. Lo mismo que un día anda bien, al otro anda mal. Y si pensás que es porque la gente se equivocó, el que está equivocado sos vos.