Jueves 29 de Octubre de 2020

LA DIMENSIÓN MÍTICA DE SU FIGURA Y SU OBRA CRECEN AL CALOR DEL FEMINISMO Y SU MUESTRA EN EL VICTORIA & ALBERT INAUGURÓ CON ENTRADAS AGOTADAS. EL LEGADO DE LA MEXICANA, MÁS VIVO QUE NUNCA.

Por: Ana Vainman

Frida Kahlo: Making Her Self Up. Ese es el nombre de la exhibición que desde mediados de junio se expone en el Victoria and Albert Museum de Londres, donde se ven los tesoros privados que contenía la Casa Azul, en la que vivió y murió. La muestra explora la doble dimensión de Frida, icónica y doliente, y cómo se inventó a sí misma. Una de cada tres obras de la artista que deslumbra al mundo desde hace más de medio siglo es un autorretrato. Su cara, acompañada por objetos reales o imaginarios, vestida con ropas tradicionales mexicanas, con rasgos exacerbados (como la uniceja o los bigotes), atravesada por su dolor físico, fue el principal legado de la artista.

Circe Henestrosa, curadora de la exposición junto a Claire Wilcox aseguró: “La imagen que nos dejó fue la que quería que recordáramos, maquillada para la ocasión, vestida de sus mejores galas, librando su pulso oculto contra el dolor e irradiando una extraña belleza interior”.

La autenticidad y valentía de Frida, a pesar de sus problemas físicos (a los seis años, la poliomielitis le inutilizó la pierna derecha, dejándola renga de por vida; a los 18, en un brutal accidente de autobús, se fracturó la clavícula, la pierna, el pie, las costillas y la columna) y de las más de treinta operaciones a las que fue sometida en su vida, ocasionaron que las mujeres del mundo la vieran como un ejemplo de lucha.

La asociación entre Frida y el movimiento feminista comenzó con la formación de la artista, que entró a la Escuela Nacional Preparatoria en 1922, cuando apenas empezaban a aceptar estudiantes femeninas en su matrícula. De los dos mil estudiantes inscriptos, sólo 35 eran mujeres.

También mostró un temprano compromiso político, militando activamente en el Partido Comunista, una opción que iba en el sentido contrario a lo que hacían las mujeres mexicanas de su época, dedicadas al hogar y a la familia.

Pero su relación co-dependiente y patológica con el amor de su vida, el muralista Diego Rivera, es quizás la mayor objeción a la coronación de Frida como ícono de la liberación de la mujer. En sus diarios y cartas se manifiesta en primera persona la serie de humillaciones a las que la sometió Rivera, alguien que manipulaba los afectos de Frida para tenerla siempre pendiente de él y que le fue infiel hasta el hartazgo. Fue la infidelidad con la hermana de ella, Cristina, la gota que rebalsó el vaso, entonces Frida le exigió el divorcio. Entonces en México lo que hoy se lee como una consecuencia lógica dentro de una relación abusiva, fue una decisión absolutamente audaz de su parte y, por supuesto, un punto de inflexión. A partir de 1940, sus biógrafos consideran que la artista “se empoderó” y abandonó el rol de mujer abnegada que había soportado maltratos de su marido. Fue cuando encaró una etapa más libre en sus relaciones amorosas y si bien mantuvo lazo con Rivera, también tuvo comentados affaires con mujeres y figuras destacadas del arte y la política internacional. El revolucionario ruso León Trotsky encabeza una lista de celebridades mundiales con las que se la ha relacionado y que incluye a la cantante mexicana Chavela Vargas, el escultor estadounidense Isamu Noguchi, la pintora francesa Jacqueline Lamba, el fotógrafo Nickolas Muray (quien firma las fotos más célebres de la artista) y el pintor catalán José Bartolí. Y también terminó de posicionarse como una artista de alcance internacional.

Feminista clásica o no, la figura de Frida y su legado artístico siguen cautivando al público en cada rincón del mundo en el que se expone su obra.

UNA DE CADA TRES OBRAS DE LA ARTISTA QUE DESLUMBRA AL MUNDO DESDE HACE MÁS DE MEDIO SIGLO ES UN AUTORRETRATO.