Sábado 31 de Octubre de 2020

Multifacético, el actor ha sabido darles su impronta a los personajes más diversos en el cine de culto y en el comercial, en el teatro off, en las tiras del prime time y en las ficciones que muestran la realidad más cruda. Entrevista con un intérprete que no les teme a los desafíos.


Por Rolando Gallego

Después de abandonar su Ameghino natal y los intentos de estudiar Nutrición, con pequeños pero importantes pasos Esteban Lamothe se fue imponiendo como una figura de peso en la ficción local. Películas clave del cine argentino reciente como El estudiante y La patota, ambas de Santiago Mitre; Villegas, de Gonzalo Tobal, y El 5 de Talleres, de Adrián Biniez, y producciones más comerciales como Abzurdah, junto a la China Suárez, le dieron continuidad en la gran pantalla. Su participación en teatro off junto a Romina Paula y Federico León, lo consolidó como intérprete y los protagónicos televisivos (Guapas, Educando a Nina, Las Estrellas, Estocolmo, Campanas en la noche, El marginal 2) terminaron de consolidarlo como una de las estrellas más populares de la industria. La dosis exacta de misterio y seducción empujaron su condición de galán.

En paralelo, su pasión por la música se despunta desde los tiempos en que era parte de la banda Cabeza Flotante hasta ahora, con la organización del festival de artistas independientes Ruchofest y la realización de videoclips. Estar detrás de cámaras lo impulsó también a dirigir el corto El bosque, que presentó en el Festival Internacional de Cine de Mar Del Plata.

Hoy protagoniza Puerta 7, serie dirigida por Adrián Israel Caetano, con Carlos Belloso y Dolores Fonzi, donde compone a uno de los líderes de la barra brava de Ferroviarios Fútbol Club, un equipo ficticio (aunque con muchas similitudes con la realidad local) creado para la ficción número uno de Netflix. Bajo las órdenes de Carlos Sorín también coprotagoniza con Valeria Bertucelli, Mauricio Dayub y Malena Pichot la primera película que la plataforma realizó en Argentina, El cuaderno de María, basada en El cuaderno de Nippur, un libro que una mamá escribió para su hijo antes de morir.

–¿El cine te permite salir de los lugares comunes en los que te encasilla la televisión?

–Sí, igual me gusta la cosa deportiva de la tele, porque es gratificante en el sentido de tener laburo y que te paguen bien. Me gusta la tele, no reniego de eso, pero en el cine hay un intercambio más profundo. Por suerte una cosa puede convivir con la otra, porque además no creo que un protagonista siempre tenga que ser protagonista, ese es un problema del cine de acá, porque no hay rotación. Pero en el último tiempo se ha creado como un nuevo star system… ojalá se destruya y se cree otro nuevo y podamos circular y tener trabajo.

–¿Y las otras actividades que hacés?

–Es lo que más me gusta, no me da plata pero me encantan los festivales, los videos… Me pongo en contacto con gente joven y eso me inspira, es una buena manera de envejecer bien y ver las cosas que hacen los pibes nuevos.

–En Puerta 7 interpretás a Fabián, un barrabrava que inicia a Mario (Ignacio Quesada). ¿Fue difícil componerlo?

–Leí mucho el guion de Martín Zimmerman y confié en el encuentro con Adrián. Me gustan muchas de sus películas, sabía que lo iba a filmar de una manera increíble, porque no deja de ser un western del conurbano. Si pensamos en Un oso rojo, Bolivia… era muy tentador. Me apoyé mucho en él, además de que la historia del personaje es atractiva, la historia de amor con el personaje protagónico define todo para mí, más allá de los tiros.

–Se ve que el personaje te juega a favor, ¿es porque tenía mucho para desarrollar?

–Yo creo que sí, son personajes vivos, porque Caetano los encaró de una manera interesante; a la mañana Fabián puede estar torturando y a la tarde tener un gesto de cariño enorme cuidando a alguien. Es interesante que en ese cuerpo pueda habitar eso: es malo, pero no es el más malo, habitan en su cuerpo varias cosas. Es una serie pensada con el optimismo de temporadas, que siga, hay que ver qué pasa.

–¿Qué fue lo que más te atrajo del proyecto?

–Trabajar con Caetano ha sido increíble y los colores del personaje son potentes, como así también la historia de amor que se va a desarrollar.

–Y ahora que dirigiste tus propias historias, ¿cómo te conectás con los realizadores?

–El trabajo con el director es siempre el resultado de un encuentro, y para eso tenés que ir abierto.

–¿Siempre se da esto o hay veces que se complica?

–Depende, ahí te abrís más o menos.

–¿Dónde creés que está la clave del éxito del programa?

–La impronta de Caetano le da verdad a las escenas, no deja que el actor esté desafiando la escena. Son escenas muy dinámicas, con varios puntos, a veces ensayamos toda una mañana un plano secuencia que se rodaba después y estábamos todos los personajes.

–¿Con qué te gustaría que la gente conecte con Puerta 7?

–Me gustaría que la gente se quede con la historia de las personas, esos seres humanos ahí que hacen lo que pueden.