Jueves 22 de Octubre de 2020

DURANTE 50 AÑOS FUE EL DESTINO PREFERIDO POR LA ARISTOCRACIA ARGENTINA PARA EL TURISMO DE SALUD. UNA MALA GESTIÓN DE PLANEAMIENTO HÍDRICO PROVOCÓ LA INUNDACIÓN QUE LO CONVIRTIÓ EN UN PUEBLO FANTASMA.

Las aguas salinas del lago Epecuén tenían propiedades comparables con las del Mar Muerto y, a su vera, el pueblo del mismo nombre vivió el esplendor de ser el elegido por las familias más importantes de la región desde su fundación, en 1921, por el abogado, diputado del Partido Conservador y emprendedor turístico Arturo Dalmacio Vatteone, hasta los años ’70. Fueron 50 años de progreso y hacia 1975 tenía unos 1500 residentes, más de un centenar de hospedajes y comercios y una afluencia turística de 25 mil visitantes al año. Fue ese mismo año que el gobierno bonaerense inició la construcción del canal Ameghino para regular el sistema hídrico de varias cuencas de la provincia. Las obras se detuvieron con el advenimiento de la dictadura militar en marzo de 1976, pero para Villa Epecuén los problemas comenzaron en la década del 80, cuando se precipitaron lluvias de inusual intensidad y periodicidad. Entonces, para evitar que el agua llegara al pueblo, construyeron un terraplén que no aguantó la fuerza del agua y cedió la madrugada del 10 noviembre de 1985.

RECIÉN EN 2010, LAS AGUAS SE RETIRARON POR COMPLETO, DEJANDO COMO TESTIMONIO UNAS RUINAS BLANQUECINAS POR EL EFECTO DE LA SAL.

El pueblo quedó bajo el agua y todos sus habitantes fueron evacuados a lo largo de dos semanas (afortunadamente sin victimas fatales). Los cálculos iniciales, que pronosticaban una crecida de apenas 10 centímetros, resultaron equivocados: un año después estaba bajo cuatro metros de agua y, hacia 1993, más de diez. Recién en 2010 las aguas se retiraron por completo, dejando como testimonio unas ruinas blanquecinas por el efecto de la sal, árboles muertos y una cierta estética post apocalíptica que sedujo a muchos realizadores audiovisuales.

El pico de esa fascinación fue el registro de la performance del ciclista profesional Danny MacAskill en 2014. Se puede ver al inglés recorriendo Epecuén en su mountain bike haciendo unas maniobras asombrosas sobre los escombros y las ramas secas de los árboles. Sólo en la plataforma Youtube, el video de diez minutos cuenta con quince millones de reproducciones.

EL CICLISTA DANNY MACASKILL RECORRIÓ EPECUÉN EN 2014 EN SU MOUNTAIN BIKE. SE LO PUEDE VER HACIENDO UNAS MANIOBRAS ASOMBROSAS SOBRE LOS ESCOMBROS Y LAS RAMAS SECAS DE LOS ÁRBOLES.

También hay una infinidad de registros sobre Pablo Novak, un hombre de casi noventa años que asegura ser el único habitante de la villa, aunque tiene sus detractores en Carhué –la ciudad más cercana, a siete kilómetros– seguros de que en realidad no vive allí y que trabaja de hacer ese personaje para la televisión y los documentalistas. Las ruinas pueden visitarse sin restricciones, pero la sugerencia es que los visitantes sean cuidadosos para evitar accidentes. En Epecuén no hay servicios de ningún tipo, más allá de alguna visita guiada que se puede coordinar. Lo usual es hacer base en Carhué, donde sí se puede acceder a una amplia oferta gastronómica y de hospedaje. Desde Buenos Aires hay dos servicios de micros diarios y también se puede hacer parte del trayecto en tren, en la línea que une Constitución-Bahía Blanca, bajarse en Pigüé y luego tomarse un servicio de media distancia hasta Carhué. Ideal para fotógrafos, buscadores de inspiración o de historias de vida, la visita a las ruinas puede combinarse con las termas de Carhué, que ofrecen opciones para todos los presupuestos.