Sábado 24 de Octubre de 2020

EN EL MES DE SU CUMPLEAÑOS NÚMERO 88, EL EDIFICIO MÁS ICÓNICO DE LA CIUDAD DE NUEVA YORK SIGUE DEMOSTRANDO POR QUÉ ES EL DESTINO OBLIGATORIO DE TODOS LOS VISITANTES DE LA GRAN MANZANA.

     

Cuando hace 85 años los norteamericanos vieron en las pantallas de cine a King Kong trepar hasta su cima, comprendieron que el Empire State Building podía ser algo más que el edificio más alto del mundo. La mole de cemento, inaugurada el 1 de mayo de 1930, diseñada por el arquitecto William F. Lamb y solventada por el fundador de la General Motors, John Jakob Raskob, se transformaba también en símbolo de la ciudad de Nueva York.


Para los amantes de los números, desde su pie en el 350 de la 5a Avenida (entre las calles 33 y 34) hasta su extremo, bien cerca del cielo, son 443,2 metros si se cuentan la antena y torre de emisión instaladas en 1953 (hasta ese momento su altura era de 381 m). Para los románticos, es el sitio donde Cary Grant espera en vano a Deborah Kerr en la estremecedora Algo para recordar. Y para todos, el ícono en altura más visible de Manhattan junto al edificio Chrysler y el mucho más reciente One World Trade Center, cuyos 541,33 metros custodian el sitio donde estaban las Torres Gemelas, que con su construcción en 1972 ya habían relegado al Empire State al segundo puesto.
Pero ser el segundo en altura no implica que eso signifique lo mismo en importancia. Millones de turistas al año se reparten entre los pisos 82 y 102 (que son los que ofrecen vistas panorámicas de la ciudad) y pagan un ticket que va de los 23 a los 67 dólares. Y basta pasar por su entrada para ver que el tránsito de visitantes es constante, desde su apertura, a las 8 AM, hasta su cierre, a las dos de la madrugada (a la 1:15 suben los últimos ascensores).
El Empire State comenzó a construirse en marzo de 1930 y, como su edifico vecino (el Chrysler, que con sus 318,9 m obsesionó al citado Raskob al punto de que no paró hasta construir uno más alto), es una de las cumbres del estilo art decó, dominante en la arquitectura pre Segunda Guerra Mundial. Costó 40.948.900 dólares, presupuesto que a dinero de hoy habría que multiplicar por veinte, y su monumentalidad bien podría también definirse por los números que le dan relevancia mucho más allá de sus dimensiones. Las cifras asombran: 1.860 escalones son los que separan la planta baja del piso 102, y cuenta con 73 ascensores entre montacargas y otros de alta velocidad. Estos últimos llegan hasta el piso 80 en tan solo 45 segundos.

EN 2015 GANÓ EL TÍTULO DE “MEJOR MIRADOR DEL MUNDO” EN LOS WORLDWIDE ATTRACTION AWARDS.

Los números también ayudan para darle un lugar en la cultura popular global, ya que las 1.200 luminarias LED que se encuentran a lo largo de la torre permiten que haya imágenes del Empire State dando la vuelta al mundo varias veces al año, cuando el edificio se ilumina con colores alusivos a festividades o hechos relevantes. Porque así como un enorme corazón rojo resplandece en él los 14 de febrero, también se embandera de blaugrana ante un nuevo título del Barcelona o se viste de celeste y blanco, como sucedió el 5 de noviembre de 2017 en homenaje a las víctimas argentinas del atentado perpetrado unos días antes en el Hudson River Park.