Martes 27 de Octubre de 2020

Autores: Analía Perez & Dr. Eduardo Berteuris (coaches en PNL/EPEP)


La música puede generar una cantidad de sensaciones, además afecta la memoria, el movimiento y las emociones: prácticamente no hay parte del cerebro que no reaccione a ella.


El arte es el concepto que engloba todas las creaciones realizadas por el ser humano para expresar una visión sensible del mundo, ya sea el real o uno imaginario. Mediante recursos plásticos, lingüísticos o sonoros, el arte permite expresar ideas, emociones, percepciones y sensaciones. Es una forma de placer para el cerebro y el placer parece ser la forma que tiene la naturaleza de decirnos que hemos llegado a una especie de equilibrio.

¿Cuál es entonces la relación entre arte y cerebro? El vínculo más estudiado por los neurocientíficos es la música, que sólo existe dentro del cerebro porque no tiene un cuerpo que se pueda ver o tocar. Los sonidos, las notas musicales, viajan por el aire y provocan una vibración en la membrana timpánica en forma de energía mecánica, mediante la acción de palanca de los huesecillos hacia la ventana oval. Después, esta energía mecánica es transmitida por los líquidos del oído interno a la cóclea, donde se convierte en energía eléctrica, que viaja por el nervio vestíbulo-coclear hacia el sistema nervioso central, donde es analizado e interpretado como sonido en su forma final. Es el cerebro quien analiza los impulsos nerviosos que le llegan en melodía, armonía, ritmo, tempo, octavas, tono y la progresión de acordes, y es el cerebro el que los combina en una estructura, un patrón que nosotros conocemos como música.

Bailar cuando suena alguna melodía es natural, es una relación antigua y evolutiva. Si alguien no se mueve cuando oye música es porque lo está evitando de forma consciente ya que la activación de su corteza cerebral indica que el cuerpo tendría que moverse. Por siglos no existió diferenciación entre escuchar música y bailarla: las dos actividades eran una sola y la separación entre ambas es muy nueva dentro de la evolución. La música es movimiento, el cuerpo trata de hacer visible lo audible y las emociones se influyen mutuamente. Está demostrado que cuanto más acompañamos la melodía que escuchamos con nuestro cuerpo, más se activan los circuitos cerebrales del placer y se estimula la liberación de dopamina, la hormona de la felicidad. La relación entre el estado de ánimo y el estímulo sonoro parece innata: un sonido armónico produce calma y los más rítmicos animan.

Muchos de nuestros recuerdos están asociados a la música porque el cerebro la usa como pegamento de determinados momentos; las notas musicales sirven para evocar, por eso los distintos ritmos provocan emociones subjetivas, pero hay una parte del cerebro donde los recuerdos, las emociones y la música se juntan. Esto ocurre desde temprana edad: el feto, mucho antes de poder ver, oye. A las 18 semanas de gestación, el feto ya responde a los sonidos y se cree que si la madre está rodeada de música, se estimula la memoria a largo plazo del futuro bebé.

Hay una gran activación cerebral en las personas que aprenden a tocar un instrumento, más aún si son niños. Se activan los aspectos espaciales de los lóbulos parietal y occipital y, como todo el cerebro se pone en funcionamiento, se desarrolla una mayor inteligencia general y mejora el sistema de atención, por lo que se puede usar como una herramienta más en los niños con déficit en esta área.

La música se usó históricamente para consolarse y para estrechar lazos sociales. Esto es muy evidente: cuando cantamos junto a otras personas se libera oxitocina, una sustancia que aporta un sentimiento de confianza. Cuando nos gusta una partitura el cerebro libera endorfinas y transforma la experiencia en placer sensual. Los humanos somos la única especie que permite que dos o más personas puedan sincronizarse con la música y, por lo tanto, esta sirve para crear relaciones sociales entre grandes grupos. Esto podría explicar el éxito masivo que tienen las bandas en los estadios: convocan y hacen disfrutar a miles de seres, de culturas distintas, en un mismo momento.

Los dos hemisferios cerebrales están conectados por el cuerpo calloso, una estructura que los buenos músicos tienen más desarrollada. Así, el hemisferio derecho se usa para procesar el tono y la melodía, y el izquierdo para la letra de las canciones.