Jueves 22 de Octubre de 2020

Por Dr. Ricardo Lingua

Especialista en clínica estética MN 91363

A MEDIDA QUE LOS HUMANOS PRIMITIVOS SE FUERON DESPLAZANDO DE LAS CÁLIDAS TIERRAS AFRICANAS HACIA LATITUDES MÁS ALTAS Y CIELOS NUBLADOS, LA MELANINA DEJÓ DE SER UNA VENTAJA Y LA PIEL FUE ADAPTANDO SU TONO. HOY, LA RADIACIÓN SOLAR IMPONE UN ESPECIAL CUIDADO EN LOS CUTIS MÁS PÁLIDOS. LA CLAVE ES SIEMPRE LA HIDRATACIÓN.

El color de la piel tiene una razón adaptativa; en las zonas con alta incidencia solar, protege de posibles daños, como quemaduras y cáncer de piel, pero al alejarse de estas regiones, la piel oscura impide la penetración de radiación UV, necesaria para la síntesis de vitamina D (clave para una correcta mineralización de los huesos y el desarrollo del esqueleto). Ese fenómeno quizás se acentuó con el surgimiento de la agricultura, pues la dieta propia de los agricultores es más pobre en vitamina D que la de los cazadores-recolectores. Así por ejemplo, a pesar de vivir en las regiones más septentrionales de la Tierra, los esquimales tienen la piel oscura porque su dieta a base de pescado les provee grandes cantidades de vitamina D y no necesitan tanto de la síntesis. No es el caso de la mayoría de las poblaciones alejadas de la línea del Ecuador, donde las pieles claras se encuentran doblemente amenazadas: menos horas de exposición al sol y menor cantidad de melanocitos (organelas celulares que permiten que la piel se pigmente con mayor facilidad y constituyen la principal barrera de defensa frente a los rayos solares) las hacen más vulnerables. Siendo así, la necesidad de hidratación y el empleo de protección solar diarias y continuas aumentan cuanto más clara es la piel. Es por eso que la industria cosmética hoy combina en la mayoría de sus productos para el día la hidratación y la fotoprotección. Por otro lado, frente al hecho consumado del fotodaño, los famosos antioxidantes funcionan como reparadores de la piel. Los más clásicos pueden ser ingeridos o empleados en cremas nocturnas, como es el caso de la vitamina C, cuyo consumo no entraña riesgos. Lo mismo vale para el zinc y la vitamina E. En cuanto a la controvertida vitamina D, en la mayor parte del globo una razonable exposición al sol diariamente permite que el cuerpo sintetice la cantidad necesaria para los requerimientos de la piel. En caso de zonas muy alejadas del Ecuador, los nuevos estudios sugieren suplementarla en forma muy cuidadosa, por vía oral, y en cantidades diarias no mayores a las 1000 UI de vitamina D3. Dosis superiores resultan en el mediano plazo tóxicas y, por lo tanto, no son recomendables.

LA INDUSTRIA COSMÉTICA HOY COMBINA EN LA MAYORÍA DE SUS PRODUCTOS PARA EL DÍA LA HIDRATACIÓN Y LA FOTOPROTECCIÓN.