sábado, mayo 28, 2022

A través del cristal

Por Camila Gomez.

A medida que los humanos evolucionamos, también evolucionan nuestras ideas, creencias y paradigmas. La lucha por nuestros derechos es cada vez más grande. Se ve en las calles, en los medios y en las redes. El progreso se hace notar. Nosotros lo hacemos notar. 

Pero ¿qué pasa con el derecho de las otras especies? Los animales también son dignos de tenerlos. Merecen vivir en libertad, ser respetados y aceptados como los seres sintientes que son. 

Seguramente alguna vez han escuchado la teoría formulada por Charles Darwin, a través de la cual explica que las especies se transforman continuamente, incluso estos cambios pueden llegar a provocar que de un mismo ser vivo, surjan dos diferentes, lo suficientemente distintos como para poder reconocerlos por separado. De allí nace la típica frase “Los humanos descendemos de los monos”. Todos somos parte. Vivimos en el mismo planeta. 

“Amo a mi perro”, “adoro a mi gato”, “quiero a mi mascota”, son palabras que oímos constantemente, pero siempre están relacionadas a los animales que la cultura ha establecido como los domesticados. ¿Y qué pasa con el resto? ¿Alguna vez notaste la diferencia que se hace con ellos?

Hay cosas que el dinero no puede pagar

Es muy probable que en alguna oportunidad hayas presenciado algún espectáculo con fieras, aves, caballos, delfines o ballenas. La mayoría de nosotros fuimos a dar un paseo por el zoológico o a disfrutar del circo. Sin embargo, aquello que para uno es un recuerdo o una anécdota, significa una vida de esclavitud para los grupos catalogados como exóticos.

Cerca de 550.000 animales salvajes son mantenidos en cautiverio con fines lucrativos, ya que rinden entre el 20 y el 40% de la facturación anual del turismo a nivel global. Se coloca el beneficio económico por encima de los derechos biológicos, físicos y emocionales de estas criaturas sintientes. 

Foto: Theresa Turner.

Te invito a cerrar los ojos e imaginarte que es tu perro, tu gato o aquel amigo no humano que te acompaña en la vida, el que está detrás de ese cristal. Está ahí. Encerrado, sufriendo cada vez que un niño golpea el vidrio para que reaccione y haga alguna gracia ¿Qué sentís al verlo atrapado entre cuatro paredes?

Ahora te invito a que pienses ¿Qué pasaría si sos vos el que se encuentra en esa situación? ¿Te asustarías? ¿Sufrirías? ¿Querrías volver a casa?

Las actividades que usan animales como entretenimiento brindan un mensaje erróneo a la sociedad, dando a entender que están aquí para nuestra diversión, para que los usemos y los explotemos a nuestro antojo. Generan problemas no solo en su bienestar, sino también en la conservación de las especies. El sufrimiento que enfrentan es continuo y en muchas oportunidades, acaba con su vida.

Los turistas pueden formar parte de un nuevo paradigma que prescinde de esta tortura. Es entendible que las atracciones llamen la atención, ya que ofrecen una experiencia diferente. Por ello, somos los viajeros quienes tenemos que decidir no invertir nuestro tiempo ni dinero, en las excursiones donde predomina la crueldad. Siendo más responsables, ayudamos al crecimiento y a la evolución, a través de nuestras acciones. 

Cada pieza es parte de esta gran obra

Los encuentros con los animales deberían generar una conexión plena con la naturaleza. La relación es necesaria, porque nos recuerda que somos parte de un todo y que compartimos el planeta con miles de otros individuos que tienen el mismo derecho de estar aquí.

Hoy en día hay numerosas alternativas que permiten acercarse de manera responsable, como documentales, películas, hasta webcams colocadas en parajes o centros de rescate que permiten conocer el hábitat natural tal y como es. Gracias a estos recursos se puede disfrutar de la naturaleza sin obligar a nadie a vivir en cautiverio. 

Foto: @rondomondo.

Sensibilizarnos e informarnos sobre la diversidad de vidas que hay en el mundo, es un punto clave a trabajar en el sector turístico. La preocupación medioambiental es creciente y un factor determinante a la hora de decidir qué tipo de actividades hacer cuando viajamos. Es imperiosamente necesario que comencemos a hacer turismo responsable y sostenible, ya que practicándolo tenemos el poder de acabar con la oferta de paseos que ofrecen experiencias exóticas, bajo una falsa apariencia de respeto. 

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